¿Por qué desprecias la mano del niño que te suplica dignidad?

¿Te quedan ganas de sentirte humano al ver a un niño trabajar en la calle?

¿Te quedan ganas de sentirte humano al ver a un niño trabajar en la calle?

Cristian no quiere que lo  fotografiemos porque dice que su papá conoce a varios municipales, obviamente su miedo es porque ellos le dejan trabajar algunas horas los sábados y de llegarse a enterar los jefes de estos pueden despedirlos. Él no sale a vender juegos de agujas porque lo obligan, lo hace porque quiere ayudar a su mamá y papá y por eso lo hace los fines de semana.

 

“Los demás días estudio y con el dinero que gano me ayudo para las tareas”, nos cuenta. El gasto que realiza en papel impreso, compra de materiales para los ejercicios y las horas en Internet buscando información son un monto suplementario que a veces no pueden afrontar los padres de familia.

 

Cristian es un caso aparte y ya se quisiera que los demás niños que andan trabajando en el Cercado lo hicieran con las mismas motivaciones, pero no es así. Son 5 mil niños que trabajan en Arequipa, según datos de la misma Organización Internacional del Trabajo (OIT). Esta institución viene desarrollando un programa para retirar de la vida laboral a los niños mineros de Caravelí. Actualmente se desarrolla un trabajo en el poblado de Chaparra, pero, según un informe reciente se destaca que en la ciudad han comenzado a aparecer más niños y lamentablemente por causas directas relacionadas con el aumento de pobreza en la región.

 

CASOS Y COSAS

 

Es el caso de Jonathan quién a sus siete años limpia parabrisas en una esquina de la calle Mercaderes. Su madre llegó con él desde el poblado de Charcas en Cuzco porque su padre murió hace dos años. Tiene el cuellito sucio pero las manos relucientes con el contacto diario del agua jabonosa con la que limpia los parabrisas por unos centavos. No quiere dar su nombre real pero su compañero Gustavo de 12 años lo delata en medio de risas. Los dos comparten algo: son huérfanos de un progenitor. En el caso del mayorcito el alcoholismo de su padre lo empuja a las calles y ya perdió el año escolar “es que flojee mucho”, nos dice.

 

Niño es todo ser humano menor de 18 años de edad, así lo establece la Convención Internacional de los Derechos del Niño aprobada en 1989 por la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero en su condición de menores la Ley no permite el trabajo forzado. Además una serie de principios generales contempla la protección de sus derechos, libertades y condiciones para su desarrollo. Así, los niños tienen derecho a la educación, a la salud, al juego, a la protección contra el maltrato y el abandono. Cuando se ven obligados a trabajar, compatibilizar trabajo y asistencia a la escuela supone un esfuerzo que se traduce, en el mejor de los casos, en altos niveles de retraso y deserción escolar. Sin educación, se reproduce el círculo de la pobreza.

 

EXPLOTACIÓN

 

Panorama siniestro fue el que encontramos en las intersecciones de las calles Piérola y Palacio Viejo, donde un grupo de menores echa “suertes” con un ramo de ruda en la mano. Son varios, tantos como los perros callejeros que se acomodan a un costado de una agencia bancaria cercana. Los menores son vigilados desde cerca por una señora que rehuye a las preguntas y hace gestos amenazadores. Le dicen “mamá Julita” y difícil creer que todos los niños son suyos, según nos cuentan ella los lleva a allí por encargo de padres inescrupulosos que los alquilan de esa manera para que pidan limosna.

 

La insensibilidad de nuestra sociedad ha hecho que obviemos este aumento de niños en las calles y nos quejemos a voz en cuello de que esos niños están molestando. La verdad es que muchos utilizan parte de su ganancia para jugar “gund bound” en las cabinas de la calle Paucarpata, donde la hora de Internet (y del escape de su realidad) les cuesta 70 céntimos de sol, cierto también que organizan trifulcas en plena calle y que algunos de ellos meten la mano rápidamente a las carteras. Todo eso podrá ser cierto pero la más triste realidad es que nadie hace nada concreto para atender sus problemas, hacerles seguimiento o simplemente escuchar sus dolorosas historias y consolar sus lágrimas… Nosotros escuchamos algunas y poco a poco, contaremos sus vidas…

Con cariño para ellos: Chicles, cigarrillos caramelos del gran Miki Gonzáles

2 pensamientos en “¿Por qué desprecias la mano del niño que te suplica dignidad?

  1. Pingback: Niños y sus vidas en la calle. « La ciudad cuadrante

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