¡Viva! pero, ¿Por cuanto tiempo?

El comienzo de todo es cuando mi mamá alquila su tienda en la avenida Santa Ana 237 a la familia Noa Flores. Vivimos en Cotahuasi, capital de la Provincia de La Unión y por allí el alquiler no es tan caro. Así es que mi madre le arrienda a la señora Yanet la tienda a 40 soles por el mes de julio del año pasado. ¿Quién podría presagiar que esa familia sería la culpable de agresiones continuas en contra de mi familia y que yo misma pasara 10 días en la Unidad de Cuidados Intensivos?, creo que nadie. Mi nombre es Mary Luz Vera Mendoza y esta es mi historia.

A mi madre le reclamamos que no debía alquilar tan barato. Pasó que un día de setiembre mi hermanita Miriam de 8 años, rompió jugando el vidrio de una vitrina de la tienda. La señora Yanet se enfureció y empezó a insultar. Mi madre cuando llega alarmada por los gritos es también agredida. La verdad es que se liaron a palabras gruesas. Pero en determinado momento mi madre recibió empujones.

Alarmados por esta situación inusual, es que mi papá insta a mi madre para que rescinda el contrato de alquiler, pero se dan con la sorpresa, cuando intentan conversar sobre el tema con la inquilina, que esta había adulterado el contrato original de arriendo, haciendo parecer que se pagó el alquiler hasta el 31 de diciembre del 2005 y sin necesidad de pagar los servicios de agua y luz.

Ante esto y los continuos insultos y agresiones, exigí mi mamá para que pida garantías personales a la Sub Prefectura de la Provincia. También fuimos al Juzgado de Paz para exigir las mismas garantías de seguridad, pero ya la señora Yanet había viajado al Cuzco, medida que adoptaba cada vez que agredía a mi madre. Inteligentemente se nos recomienda que solicitemos las garantías para cuando regrese la denunciada. Cuando llega se le entrega una cita para conciliación para el día 12/10/2005.

Allí se convino el pago del vidrio roto y la salida pacífica de la señora, ya que ni pagaba alquiler ni quería pagar los servicios. Se decide entonces que no se puede vivir en la misma casa con esa familia. Se nos recomienda que cortemos la luz, pero se presenta un problema cuando se intenta esta acción y la señora Yanet terminó agarrando de los pelos a mi madre y la golpeó con una piedra en la frente. Al final las dos se agarraron agolpes y tuve que llagar yo para sacar a mi madre de esa situación. Lo más doloroso es que mi hermanita y mi propia hija de 15 años tuvieron que presenciar esta agresión.

CONTRA MI MADRE

Llevamos inmediatamente entonces a mi madre la comisaría para que presentara la denuncia por agresión, pero los policías ni caso le hicieron y la sentaron durante varios minutos mientras sangraba profusamente por una herida en la cabeza. Mientras nosotras nos fuimos a sacar copias de los formatos de denuncia, los efectivos se desaparecen un rato, llega la señora Yanet y su madre y con un vidrio le cortan la oreja a mi madre. En eso llega un suboficial de apellido Corimaya y a gritos le ordena a mi madre que se meta en un cuarto donde la encierran por media hora.

Indignados pugnamos por exigir explicaciones pero nos largaron. Mientras tanto las agresoras se fueron al Centro Médico donde yo laboro (soy Técnica en Enfermería) y se quejan de mi a gritos. Allí es que fingen desmayos que no logran sorprender al personal, pero sí a los policías que, curiosamente, ordenan que sea internada para observación. Mientras tanto mi mamá me contó que el mismo policía que la encerró, le ordenó a gritos que limpiara con un trapo la sangre que había derramado por la oreja cortada. 

Recién luego de tres horas, le realizan el reconocimiento médico legal y se presenta la denuncia por agresión. Tanta fue la sangre que perdió que la internan de emergencia en el Centro de Salud por su estado crítico.

Desde ese bendito día (09/10/05) nos convertimos en la presa de la familia Noa Flores, ya que en mi casa, en la de mi madre y de otros familiares, nos cercan para insultarnos, para agredirnos, para humillarnos con un poder de impunidad que no comprendíamos. Y es que iniciamos una serie de solicitudes de garantía, pero se nos fueron negadas y hasta el momento no se resuelven. Iniciamos el proceso de desalojo, pero igual se estancó.

IMPUNIDAD

Ya para una nueva cita de conciliación (donde sólo estuvo mi madre con otros dos parientes de Yanet y la jueza) se queda en el pago del total de los alquileres, es decir que le devolveríamos un dinero que no se nos entregó. La falsificación del documento de contrato fue tan perfecta que queremos creer que convenció a las autoridades. Pero en fin, aceptamos todo para que esa familia salga de nuestras vidas de una vez. O eso pensamos.

Desde ese entonces, pese a la orden de salir del local alquilado, ninguna autoridad pudo sacar a esos indeseables. No puedo calificarlos de otra manera porque: ya se les pagó para que salieran y se quedaron, nos cortaron la luz y le pusieron candado a nuestro medidor y lo peor es que nos agredía a cada rato. Pero a pesar de nuestras constantes denuncias nadie hacía nada, sólo el fiscal les advirtió que de no cumplir con las disposiciones de desalojo haría presente los antecedentes de denuncias que tiene la familia ya que son mucho procesos abiertos en su contra y que recién nos venimos a enterar.

CONTRA MI

Pero tratamos de continuar nuestra vida. Se acercaba el quinceañero de mi hija y todo estaba planeado para que, en las medidas de mis posibilidades, la pasáramos bien. Llegaron parientes míos de varios sitios y se festejó hasta la madrugada. Para las 06 de la mañana del 23 de octubre ya estaba en camino hacia el centro de salud por tocarme turno. En la Plaza del Pueblo la mamá de Yanet me roza bruscamente. Eva Ticona, una amiga me advierte que el día anterior las dos hermanas de Yanet llegaron de Lima para “ajustar cuentas conmigo”. “Quieren matarte”, me advirtió mi amiga. No sin miedo me encamine por la calle principal que estaba solitaria. A una cuadra más allá, la hija mayor, Alicia Noa Flores, me coge por atrás mientras su madre y sus hermanas me arrastran a golpes a un callejón de la calle Concepción. Su hermana Maribel me atravesó el cuero cabelludo con un verduguillo, para eso ya estaba semiinconsciente, pero dentro de mí sentía un miedo terrible porque me mataran allí mismo, sin que nadie saliera en mi defensa, así que reuniendo las pocas fuerzas que me quedan las sacó a la calle y allí me desmayo finalmente. En eso acuden a mi auxilio Amelia Zanabria Y Norma Velásquez, la primera maestra y la segunda personal de limpieza de una entidad bancaria y me auxiliaron. Tanto fue la golpiza que mi chaleco estaba roto, mis zapatos desparecidos y mis documentos con mil 150 soles ausentes del interior de mis ropas (lo peor que el dinero no era mío). La sangre me asustó un poco, pero casi y todo llegué al centro de salud, auxiliada claro está.

Luego, entre las negruras de los días que pasé hospitalizada, se movilizó una marcha de varias personas que exigieron justicia para mí. Les agradezco sus muestras de simpatía, pese a que sus pedidos no pasaron de esos: pedidos. Lo terrible es que ya nadie podía ayudarme y a pesar que se emitió una orden de arresto en contra de las hermanas, estas lograron salir de la provincia impunemente y la madre y Yanet siguen n el pueblo. Ellas se jactan que en el juicio que les sigo por intento de asesinato han gastado 15 mil soles y que por eso perderé.

Durante este juicio se presentaron testigos falsos, se retienen sentencias de cateo y registro médico, se intimida a mis testigos y se desaparecen sus declaraciones. No puedo comprenderlo más de una forma: es que pagan y sobornan, no puedo acusar a nadie directamente, pero es raro que pese que existen todos los indicios a mi favor, hasta mi abogado este con miedos de que perdamos.

Así están las cosas actualmente. Yo no sé. ¿Quién debe ayudarme?, ¿A quién le pido ayuda en todo caso? ¿Para tener justicia hay que comprarla? Y, principalmente que pregunto: Estoy viva pero ¿Por cuanto tiempo más? No sé en que momento esta historia se convirtió en la pesadilla que vivimos mi familia y yo y de verdad no espero que el final sea que termine yo o mi madre en la cárcel.

 

 

Un pensamiento en “¡Viva! pero, ¿Por cuanto tiempo?

  1. desafortunadamente esta realidad que viven ustedes, se repiten en muchos países, de éstos en donde la “justicia ” es todo menos eso, ya han acudido a otras instancias?, los periódicos? alguna televisora? incluso pidiéndoles protección y la forma de evidenciar la corrupción por parte de sus funcionarios, desplegados en el periódico haciendo responsables a éstas infelices sobre algo que pudiese pasarles, cartas a su presidente? a los ministros? las que sean necesaria, pararse en su perta o donde se presente y entregarle una carta narrando estas increíbles atrocidades y si no a instancias internacionales de derechos humanos, no dejen de hacerlo público cosas como éstas no podemos permitirlas, me causa gran impotencia y coraje saber de esto y no poder hacer nada más, pero dicen que “el cobarde llega hasta donde el valiente quiere”, hagan lo que tengan que hacer para defender sus derechos y sobre todo su vida.

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