Esperando a Pablito…

Texto escrito el 2009.

Te escapaste una tarde de enero… te recuerdo esa mañana con tu pelo rebelde sin lavar en un intento de decirme algo que pensaba sólo eran las ganas de no echarte agua encima. Te pregunté qué querías desayunar pero no dijiste nada y eso me enojó y te mande sin comer nada al colegio. Sentía que debía preguntarte más, pero callé, soy adulta, soy madre-padre, soy humana, y no lo hice y te dejé marchar…

El 97% de los adolescentes que fugaron de sus casas en la ciudad de Tacna, tuvieron como motivación líos de amor y bajo rendimiento escolar, según informaciones propaladas por el Diario La República, brindadas por la Sección de Personas Desaparecidas de la Policía Nacional. ¿Nos sorprende?, no, a nadie, pero no deja de ser alarmante que los padres, a pesar de saber que sus hijos en la adolescencia pasan por periodos de rebeldía causadas por depresiones propias de su edad, no actúen a tiempo para evitar un  desenlace  muchas veces fatal.

Las horas se me pasaron en el día volando. El corazón se me oprimía por algo que no podía identificar. Al llegar el mediodía me dirigí a nuestra casa para prepararte el almuerzo para que lo comieras cuando llegarás del colegio. A pesar del enojo en la mañana, te preparé el lomo saltado que siempre te gustaba con bastantes papas fritas. A tu hermanito lo recogí del jardín y me lo llevé a la casa para juntos esperarte.

Generalmente los adolescentes que huyeron de sus casas son parte de las llamadas “familias disfuncionales que en nuestro país superan el 70% de los casos, según datos del último censo en el país. Este tipo de hogares que dejaron de ser atípicos para consolidarse como la “normalidad” hoy en día, adolecen de alguno de los progenitores, en su gran mayoría del padre, que se separó de la progenitora, dejándole el peso de criar a los hijos. Las menos de las veces, son de padres que fueron abandonados por sus esposas. A la par de este último de los casos está el de los abuelos que crían a sus nietos por que los padres se los dejaron de encargo por diferentes y variadas excusas.

Nunca revisé tus cuadernos Pablito, nunca te pegué por tus rojos en la libreta, nunca te dije que sentía mucho que tu papá nos dejara, nunca te conté quién era el papá de tu hermanito, nunca te pregunté sobre una enamorada, nunca te pedí disculpas por mis carencias, por mis defectos, por mis enojos, por mis palabras duras. A veces me sentía frustrada por la vida que llevamos y me desfogaba contigo. Ahora sé que tú acumulaste todo y te explotó el corazón de cólera y te fuiste…

Según el juez de Menores, Jorge Luis Carranza, existe un gran abanico de razones por las que los chicos se fugan de su hogar. Cuando se trata de mayores de 14 años, en general son “chicas que se escapan con los novios debido a que sus padres se oponen a la relación”. Sin embargo, hay casos mucho más graves y complejos: el juez asegura que muchos de los niños y adolescentes que se ausentan de su casa es porque allí son víctimas de violencia familiar y hasta abusos sexuales. “Hay chicas escapadas que han sufrido un abuso familiar silenciado durante años”, contó Carranza.

Recién en estos últimos días, después buscarte por semanas, de ir a los noticieros locales, de pegar tu carita en varios postes, me han contado algunas cosas sobre ti, sobre uno de los vecinos, sobre tu timidez, sobre por qué él también desapareció. Ahora todo da un vuelco en mi vida. Nunca te conocí o nunca quise darme cuenta de quién eras  para mí: mi hijo, eso solamente, no el que me iba a sacar de la pobreza, no el hombre que nos sacaría adelante, no la salvación de nuestra casa, eso no eras, eras solamente mí hijo y ahora tengo que acusar al Jualián ese para que lo busquen y te encuentren también a ti. ¿A dónde te llevó?, ¿Dónde estarás durmiendo?, ¿Quién te estará lavando la ropa o te estará alimentando?. Vuelve hijo, no me importa lo que has hecho, no me importa quién eres, me importa que estés bien y podamos reconstruir nuestra familia, pese a la pobreza, a los dolores, al pasado, ¡Podemos hacerlo hijo vuelve por favor!, escucha a tu madre que cada día ora para que regreses sano y salvo a nuestro lado, tu hermano y yo te esperamos…  

Coda

Pablito nunca regresó. Han pasado 10 años desde su desaparición de su casa en un barrio del Cono Norte en la ciudad de Arequipa. En estos años se comunicó con su madre algunas veces, para decirle que estaba trabajando en la Selva de Madre de Dios. Ella sospecha que la persona que lo llevó lo utilizó como esclavo hasta que pudo escapar. La vergüenza y los años que pasaron al parecer pesan en el ánimo del muchacho que ahora tiene 25 años.   

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