“Wiñaypacha” muestra el abandono de la sociedad por los ancianos

Por: Sarko Medina Hinojosa

El cineasta de 31 años, Óscar Catacora (Puno), estuvo en el Hay Festival desarrollado hace unos días en Arequipa, en la mesa “Hablemos de Cine”, junto con Philippe Claudel y Miguel Barreda. De expresiones directas y un profundo sentir por el mundo andino, Catacora filmó su primera película enteramente hablada en Aymara por dos personajes ancianos entrañables: Willka y Phaxsi, quienes nos llevan a través de sus vivencias a enfrentarnos contra un monstruo que está omnipresente en la película: el consumismo y el utilitarismo de las personas.

Sarko: ¿Cuál es tu objetivo al llevar el mundo andino al cine?

Óscar: Visibilizar las costumbres y vivencias del poblador andino, a través de la cinematografía, para que el mundo conozca que existe una cultura que tiene sus particularidades, que está afectada por peligros, como que vivimos en una sociedad consumista y capitalista que, de manera explotadora, consume sin medida los recursos naturales. La cultura andina de la cual habla la película es un poco contraria a esta forma de vivir que nos ha inculcado la sociedad occidental, es un contexto donde el hombre del Ande vive con la naturaleza, considera la naturaleza como un ser viviente, no es un medio de explotación. Siempre he considerado que esta forma de vivencia puede ser una reserva para que la humanidad en algún momento pueda reflexionar y conservar la naturaleza y no solamente vivamos en una sociedad consumista y explotadora.

Hay una parte de la película que es impactante, un fósforo hace la diferencia entre la vida y la muerte

Sí, el fósforo es una metáfora, es un ejemplo del cómo la sociedad globalizada con la tecnología ha hecho a los pueblos originarios dependientes con algo tan simple. En algún momento estoy seguro que al inicio de la humanidad el hombre inventa cómo producir fuego y era normal pero hoy en día al perderse esa costumbre y conocimiento, la sociedad se ha vuelto dependiente y algo tan simple como eso, puede desencadenar una serie de tragedias. Es una dependencia nociva, eso lo muestra la película.

Hay una escena que me refiere a la película de Hayao Miyasaki: “La tumba de las luciérnagas”. Es de una persona que deja todo atrás y se enfrenta a algo nuevo, pero tiene que avanzar hasta su destino y se le ve de espaldas caminando y al fondo ese destino.

Nosotros sabíamos cómo iba a acabar la película en el proceso de escritura ya lo teníamos definido, en el guión también. Yo no considero que es un final abierto, es un ascenso hacia la divinidad de la mujer, recordemos que en la cultura andina los cerros tienen sexo, son achachillas y awuichas, es decir ancianos y ancianas, entonces es un ascenso a la divinidad. Es una metáfora. Me hace recordar a la película “Retorno a Casa”, cuando la abuela asciende al cerro y eso yo lo tomaba como una metáfora, pensando que la anciana estaba muriendo y ascendía. Esa es la magia del cine, cada persona puede interpretarlo de acuerdo a su visión.

La película no solo genera una historia sino un medio documental, porque es un modo de vida que ya está desapareciendo en realidad. Yo recuerdo que cuando visité a mis abuelos allá en un pueblo llamado Gramadal era casi idéntica o por lo menos tenia los factores que pones en la película: el almacén, el trato a los animales que eran parte de la familia, etc., tu película es como una fotografía de un mundo que no va a volver.

Podríamos llamarlo como un registro de tradiciones y realidad que es necesario que sean visibilizadas. Estuve haciendo mis prácticas para Comunicación para el Desarrollo, en Ciencias de la Comunicación y en este programa de Pensión 65, no llegaba a los rincones más recónditos, por lo menos el que yo conozco que es Puno en la parte alta. Y básicamente la película habla de estas personas. He manifestado que una parte habla de mi vida pero principalmente habla de esas personas que han sido abandonadas por sus hijos migrando a la ciudad y pocas veces han regresado a visitarlo y muchas veces estas personas han muerto en el abandono. La película habla de ellas.

¿Cuál es el futuro de Oscar Catadora?, ya has ganados dos premio para producir películas.

Gracias por el reto, me alegra mucho el desafío. Cada proyecto y meta tiene una forma complicada de cumplirlo y creemos que el artista en esta ocasión lo que le inspira es ese desafío de cumplir con el objetivo que se ha propuesto. Estamos hablando de un proyecto de gran envergadura y ojalá que podamos cumplirlo y siempre nos encomendamos a los dioses, porque soy creyente en los Apus pero también soy católico, así que me encomiendo a ellos. Queremos cumplir con esta promesa al Ministerio.

¿Es una película histórica?

No me gusta hablar mucho del trama de la película porque a veces genera mucha expectativa y a veces las personas se crean un universo de la historia y luego pueden decir que no era lo que esperaba. Yo quiero sorprenderlos, diciendo esto es lo que te propongo, a veces es crear una falsa expectativa y lo mío es querer sorprender.  

Premios y reconocimientos

"Wiñaypacha", la primera película peruana grabada íntegramente en lengua aymara, es precandidata peruana para los premios Oscar y Goya (Mejor Película iberoamericana). La cinta ha cosechado reconocimiento fuera del Perú. En el Festival Internacional de Cine de Guadalajara recibió los premios a Mejor Ópera Prima y Mejor Fotografía en la categoría de Largometraje Iberoamericano de Ficción. También recibió el premio FEISAL (Federación de Escuelas de la Imagen y el Sonido de América). "Por ser una hermosa, emotiva e incluso angustiosa reflexión sobre subsistir en total armonía con sus raíces ancestrales, familia, religión, naturaleza y tradiciones", dijo el jurado sobre el filme peruano, antes de anunciarlo como ganador. Obtuvo una mención honrosa en el Festival Internacional de Cine de las Alturas de Jujuy.

Entrevista aparecida en el Semanario Vista Previa 

Güembé: Protegiendo animales de manera rentable y ecológica

La experiencia del Biocentro Güembé en Santa Cruz – Bolivia, presenta un modelo de institución que combina el cuidado de la naturaleza con la experiencia de relax y entretenimiento que es biomigable y se puede aplicar a nuestra realidad.

¿Se puede combinar un proyecto sustentable económicamente sin dañar la naturaleza? Güembé Biocentro está ubicado en el Urubó, los terrenos aún vírgenes cercanos a Santa Cruz en Bolivia. A menos de media hora de Equipetrol, principal zona comercial, hotelera y empresarial de la ciudad.Claro, eso en su historia reciente porque hace 10 años, este emprendimiento propuesto por Carlos Rezniceck, era una locura.

Nadie en su sano juicio le pudo convencer de que su proyecto de hacer sustentables sus 24 hectáreas de terreno en pleno Urubó, sin dañar la naturaleza ni afectarla, era imposible. “En un inicio me vine a descansar y pasar mi jubilación, pero aún así de algo teníamos que vivir”, nos comenta. Fue en uno de sus paseos por su terreno que descubrió que habían muchas clases de mariposas y de allí le surgió una idea: hacer un mariposario y que las personas vengan a verlas, y paguen por la entrada.

Claro que del dicho al hecho hay mucho trecho y eso lo comprobó los primero años, en que una serie de dificultades puso en riesgo su emprendimiento. “Todo es aprendizaje, en un inicio tuvimos que aprender dónde encontrar las mariposas, sus huevos, qué comían las orugas, su cuidado. Prueba y error”. Uno no lo cree del todo al visitar el centro y hacer el recorrido oficial, el cual tarda unos 45 minutos pero permite tener una experiencia única con la naturaleza. Y es que el orden y funcionamiento con exactitud alemana,hace sentir que todo fluye y no presenta dificultades.

Recorrido

Todo empieza justo en la sala de crianza de las orugas, un lugar con temperatura regulada y donde los huevecillos eclosionados de las mariposas dan lugar a unos hambrientos y largos insectos de infinidad deformas, pero todos comelones. Una vez que se forma la pupa, son colocados en un lugar especial donde saldrán los especímenes adultos que serán llevados a un espacio especial dentro del mismo complejo.

Hacia allá nos dirigimos, no sin antes pasar por el terrario con varias especies como tarántulas, las mismas termitas, un lagarto enorme,varias tortugas marinas y otros animales más que necesitan de la humedad y la sombra para vivir. Cada uno de estos “huéspedes” tiene su historia. En el transcurso de los primeros años, las personas no solo venían a ver las mariposas, sino que empezaron a traer animales que no podían tener en casa como mascotas. “Nos dejaban muchas tortugas y otros animales, nosotros contentos de poder ayudar a que sobrevivan esos animalitos, pero pronto descubrimos que no era así nomás la cosa, había que tener permisos y casi nos cierran por eso”, relata Rezniceck.

Las mariposas tienen una misión importante para el equilibrio de la naturaleza, ya que son las encargadas de polinizar los bosque se indicadoras de la armonía de los ecosistemas.

Fue por eso que tuvieron que reacomodar todo para funcionar como un centro de acogida de animales. Las especies exóticas decomisadas por la policía o rechazadas por sus dueños que no pueden volver a su hábitat natural tienen un lugar aquí. Por eso hay un apiario, una isla de monos, otra enrejada con monos araña, un ñu, un tapir (que pertenecía a un narcotraficante), un inmenso lugar donde retozan más de 100 tortugas y un aviario gigantesco. Este último se construyó pensando en que iba a ser el mariposario, pero resultó que las más de 50 especies de lepidópteros que crían en el lugar a lo largo del año, se perdían en la inmensidad de la jaula. No desaprovecharon el complejo y lo habilitaron para aves. Tiene 2 mil 500 metros cuadrados y una torre de observación de más de 35 metros que permite ver la selva circundante. Un espectáculo visual acompañado por el ruido de cientos de aves de 35 especies entre parabas, tucanes, pajarillos, guacamayos y pavos reales de fascinantes plumajes, rescatados por la policía silvestre del país.

Resort

Pero no todo se sustenta con las visitas a estos espacios naturales, conviviendo con la naturaleza, los dueños han construido un resort de lujo. Un sendero conduce a las primeras 10 piscinas naturales, a desnivel y acondicionadas para grandes y chicos. Siguiendo el curso de las aguas en descenso, el tour conduce a las lagunas para realizar paseos en kayak. Una piscina más grande denominada “Amboró” es un espacio ideal para conciertos y descanso, siguiendo la lógica de acondicionar los espacios a la naturaleza y no al contrario. Hay lugar entonces para la práctica de deportes al aire libre,caminatas y paseos a caballo o carroza, además de áreas para la meditación.

Güembé cuenta con cabañas bien acondicionadas y confortables, diseminadas en medio de exóticos jardines, provistas de todos los servicios. Hay restaurantes y centros de reuniones que abren no sol para los huéspedes, sino para los visitantes de fin de semana. Las modalidades de hospedaje varían desde cabañas estilo campestre, cabañas de estilo europeo,casas de campo y suites, con tarifas módicas. Hay una modalidad de camping en un área de bosque especialmente diseñado para quienes prefieren un mayor contacto con la naturaleza. Estos espacios cuentan con agua potable,electricidad, parrilleras para el gusto de cada quién. Se puede conocer más en www.biocentroguembe.com para comprender que se puede hacer un proyecto sustentable económicamente que da trabajo a decenas de personas pero que respeta la naturaleza y aporta a su conservación.

El experimento peruano

En nuestro país puede aplicarse este sistema, por lo menos lo del mariposiario es ya una realidad en Tampopata. Y es que un grupo de mujeres de la provincia de Rioja, en la región San Martín, está sacando adelante Morpho Azul, con el que se busca impulsar el desarrollo del turismo rural comunitario en la zona.

El sitio es gestionado por la comunidad Unidos por Palestina.Con el ejemplo boliviano puede convertirse también en un lugar sustentable y turístico que beneficie a los lugareños. También es un proyecto necesario porque las mujeres que están agrupadas en la Asociación de Desarrollo Económico Unidos por Palestina (ADESUP), crearon este proyecto con el objetivo de preservar a las mariposas, que están desapareciendo en la zona producto de la deforestación. Una de las especies a salvar es la maravillosa Monarca (Danausplexippus).

Texto y fotos: Sarko Medina Hinojosa

Artículo aparecido en la Revista Bitácora:

Luisa Valenzuela: “El microrrelato es una espora que lo contamina todo”

Foto: Geraldine Canazas

Entrevista: Sarko Medina Hinojosa

La esperé en el living del hotel en el que los organizadores del Hay Festival Arequipa 2017 organizaron las entrevistas para medios con los invitados de todo el mundo. Llegó muy preocupada por la demora y me pide si la puedo esperar un poco más porque quiere abrigarse. En ese momento compruebo que, además de carácter, Luisa Valenzuela, tiene una delicadeza para expresar con sinceridad lo que siente en cada momento.

Más de treinta libros la acompañan y refuerzan el interés de varios medios por entrevistarla, notas en diarios, entrevistas en televisión y perfiles fueron desarrollados en esos días. Pero casi nadie le preguntó por una pasión que aparte de una charla sobre ¡El dinero!, la hizo invitada de una mesa que me interesaba mucho: el Microcuento.

Entrevistador: El taller de Alfonso Reyes (Tecnológico de Monterrey) marcó un hito en cuanto a la forma de cómo escribir microcuento y de llevarlo a personas que, por su formación, no era que fueran cercanos a este género.

Luisa Valenzuela: Tú sabes que en el último día del taller pasó una cosa maravillosa que yo lo defino como un triunfo del microrrelato. Estamos hablando del Tecnológico de Monterrey y Carlos Fuentes tuvo la maravillosa idea de llevar las humanidades a los ingenieros. Creó un consejo consultivo del cual fui parte y la obligación de los miembros de este consejo era dictar una cátedra una vez. Yo no sabía de qué iba a dictar una cátedra cuando ni siquiera tengo una carrera, tengo muchos libros publicados, pero entonces dije que les iba a hacer un taller de microrrelatos. Pues hicimos esto en esta sala en la que estaban las cosas para hacer videos y transmitían a varias otras salas y clases. El ultimo día como te decía era de tres horas. Hicimos un break cada cincuenta minutos. En la primera hora entra un tipo trajeado y pienso es un alto ejecutivo del tecnológico que entra para ver el desastre que estábamos armando allí, esta locura de microrrelatos y bueno yo estaba haciéndoles escribir con la clásica frase “saquen una hoja y escriban en cinco minutos” y bueno el tipo saca una libreta muy mona bien fina y escribe su historia y la lee, porque todos podían leer su historia. Vuelve a la segunda hora y vuelve a escribir y leer. Y cuando termina todo me acerco a los amigos del tecnológico para saber qué alto ejecutivo estuvo presente y me dicen que ninguno estuvo, pero van a averiguar y resulta que era un alto ejecutivo pero de Telmex y que estaban queriendo pedirme la sala porque la necesitaban para una importante conferencia pero él salió a decirles que no se podía interrumpir y se volvió a entrar para escribir su microrrelato. Quedó atrapado.

E: ¿Para usted que es un microcuento?

LV: Es todo un universo en una cáscara de pistacho y claro, el pistacho es delicioso. También otra definición que me gusta es que es una espora. Cortázar dice que la novela es un árbol, mientras que el cuento es la bellota de dónde nace ese árbol. Yo creo que el microrrelato es una espora, que se propaga, que va contagiando y creando todo el mundo que son los microrrelatos, una espora que lo contamina todo. De hecho me encontré antes de venir a Arequipa en Lima con Beto Benza y otros microcuentistas y empezamos a contar historias hablando del microrrelato, pero justo contagiados por esto, empezamos a crear no a hablar solo del microrrelato sino a empezar a contar, contagiados por esa espora.

E: Hablando de esta comparación con estas esporas que menciona y que contagia, ¿también tiene que ver con la intertextualidad del microcuento y qué tanto debe usarse en el mismo?

LV: No debe usarse tanto porque se puede abusar, no se debe confiar tanto en el conocimiento previo de los otros, del lector, porque se puede confundir con un dato que solo puede conocer el autor y que para los demás no significa lo mismo. “El Dinosaurio” de Monterroso no es intertextual, creó un montón de datos intertextuales, por allí los microrrelatos son creadores de intertextualidad. Son maquinitas de pensar, el autor siembra estas maquinitas en el lector y este le sigue dando vueltas. Ahora no todo texto corto es un microrrelato porque no necesariamente es lo exacto para dejarte pensando.

E: ¿Qué tanto debe importar el título en un microrrelato?

LV: Yo creo que allí fue un error de Monterroso, porque el título te permite agregar información, porque si jugás un poco con el título, extendés el relato en sí y darle el poder significante al microrrelato y no caer en el “tito repito” como en “El Dinosaurio” que pudo llamarse Sorpresa y algo más que le aporte pero igual queda como el emblema porque ya el titulo es el referente al microrrelato.

E: ¿Cuál es la máxima extensión de un microcuento ¿Cuándo deja de serlo para pasar a un relato corto.

LV: Creo que 300 es un lindo largo. Ahora que hay microrrelatos muy cortos, Guillermo Samperio con su “El Fantasma” es un claro ejemplo, allí es cero palabras.

E: ¿Se puede jugar tanto con el microcuento?

LV: Yo creo que sí, es la imaginación, allí lo ves y lo entendés no es que te lo tenés que explicar, por ejemplo lees “El Fantasma” y ves la hoja en blanco y lo entendés. Son instrumentos del pensamiento natural que hacen ver las cosas desde otro lugar.

E: ¿El microrrelato viene a suplir la literatura en espacios cortos como las redes sociales?

LV: Es que no viene a suplir, es literatura, puede que remplace a otras cosas y es más: agrega, es un complemento de la literatura pero no la suple.

E: Se entiende que el microcuento no es el resumen de nada y viene teniendo su propio nombre y lugar ¿cuál es su futuro?

LV: Todos escribimos microrrelatos antes, en mi primer libro de cuentos hay dos muy cortos que se comentó en un libro de microrrelatos que se llama el Abecedario. El microrrelato tiene muchas posibilidades como una herramienta para transmitir la noción de lo que es la escritura. Te comento una iniciativa que tuvimos con jóvenes escritores en Argentina, los enviamos a las villas miseria y luego a los centros de detención temprana de adolescente para que con ellos escriban historias muy cortas y queremos ampliarlo a las comunidades indígenas y queremos irradiar la idea. Pero ¿porqué lo hicimos? es que el microrrelato de presta para a tener conciencia del lenguaje, del peso de la palabra, qué elegir para contar, cómo vas a armar tu frase, a enfocar y a pesar de que no era gente muy leída, por las circunstancias de su realidad, empezaron a tomar conciencia de lo que es la escritura y para eso se presta el microrrelato para crear historias cortitas y sabrosas, aprender a darles sazón, ese sabor.

E: Y el microcuento tiene mucho de eso, más allá que muchos lo consideren que tiene más humor negro, ironía tiene sabor propio que abarca todo.

LV: Puede ser ironía, trágico, dramático, de hecho yo le llamo a esa variante como “microcuento testimonial” a los relatos que hicieron en el trabajo que te comentaba antes. Un ejemplo de eso: con asociaciones de microrrelatos y Derechos Humanos, se crea el “Basta: 100 mujeres contra la violencia de género”. Allí Pio Barros juntó a 100 escritoras contra la violencia en Chile, luego en Argentina y cuando llega a Perú no había cien escritoras así que fueron a los centros de las casa de las mujeres golpeadas y de allí salieron microrrelatos geniales, porque cuentan su historia no desde lo terrible o patético sino desde la literatura y eso, eso es genial porque las ayudó en algo a sanar.

Sobre “Conversación con las Máscaras”   

E: ¿De qué trata este libro que has publicado con Editorial Micrópolis?

LV: Sabes es un libro que me propone Beto Benza sobre estas máscaras que colecciono desde hace años y que en realidad es así: las máscaras me hablan, me cuentan su historia, y yo solo hago de interlocutora, una especie de transmisora entre ellas y el lector. En casa ellas están en un galpón que tengo y sé que aumentarán cada año. Cada una tiene algo que decir de lo profano, lo sagrado, lo terrenal y lo espiritual.

E: ¿Te estás llevando una máscara en tu paso por Arequipa?

LV: Me llevo dos, que me ha conseguido un maravilloso amigo nuevo que ha logrado para mi estas dos máscaras de una danza que se llama “Diablada” y que seguro también me contarán su historia.

Foto: Adrián Quicaño

Biografía de la Entrevistada

Tomada de https://www.luisavalenzuela.com/

Luisa Valenzuela nació en Buenos Aires, Argentina, un 26 de noviembre. Residió varios años en París y Nueva York, con largas estancias en Barcelona y México. Durante su dilatada carrera, que abarca ya cincuenta años de ininterrumpida dedicación a la literatura, ha publicado más de 30 libros, entre novelas, volúmenes de cuentos, microrrelatos y ensayos.

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Su obra fue editada en más de 17 países de América, Europa, Asia y Oceanía, y traducida al inglés, francés, alemán, holandés, italiano, portugués, serbio, coreano, japonés y árabe. Su particular abordaje de temas y motivos relacionados con el poder, el cuerpo, el humor y el lenguaje la han convertido en objeto de estudio en universidades de todo el mundo.

Acreedora de las becas Fondo Nacional de las Artes, Fulbright (Programa Internacional de Escritores en Iowa City) y Guggenheim, entre otras, Luisa ha desarrollado una gran tarea como docente, dictando cursos y talleres, sobre todo en Universidades de Estados Unidos y México. Su actividad académica se completa con membresías en destacadas instituciones, entre otras: el New York Institute for the Humanities, la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey y la American Academy of Arts and Sciences.

Durante diez años fue redactora del Suplemento Gráfico del diario La Nación y su notoria labor la hizo merecedora en 1965 del Premio Nacional Kraft. Posteriormente, trabajó durante mucho tiempo en la revista Crisis, y fue columnista y colaboradora de muy diversas revistas y periódicos de la Argentina y Estados Unidos.

“No hay patrones ni moldes si se quiere escribir distinto: escribir de verdad.”

Luisa Valenzuela

A lo largo de su carrera ha recibido distinciones de diversa índole, entre las que se destacan el Gran Premio de Honor de la SADE, el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Knox (Illinois) y de la Universidad Nacional de San Martín (Provincia de Buenos Aires), la Medalla Machado de Assis de la Academia Brasilera de Letras, el premio Astralba de la Universidad de Puerto Rico y el premio Esteban Echeverría de la Asociación Gente de Letras. En el año 2017 tuvo además el privilegio de ser designada para dar el discurso de apertura de la 43ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Debido a su amplia trayectoria, ella misma ha integrado el jurado de importantes galardones internacionales, tales como el Premio Casa de las Américas de La Habana, el IMPAC de Dublín, el New York State Council for the Arts, y el Literario de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Su profundo compromiso social la llevó a ser nombrada Fellow del Fund for Free Expression y del Freedom to Write Commitee del PEN American Center, cuya sede en Argentina preside desde el año 2015.

Viajera empedernida, suele dictar conferencias y lecturas en congresos y ferias del libro alrededor del mundo. Numerosos encuentros literarios fueron incluso dedicados por entero a su obra, como el encuentro “Luisa Valenzuela: a symposium” (Universidad de La Trobe, Sydney 1990), la prestigiosa Puterbaugh Conference (Universidad de Oklahoma, 1995), la Semana de Autor de Casa de las Américas (La Habana, 2001), la jornadas “Aproximaciones a la obra de Luisa Valenzuela” (Universidad de Viena, 2008), el coloquio literario de la Feria del Libro de Monterrey (México, 2009) y las jornadas “Luisa Valenzuela, el vértigo de la escritura” (Buenos Aires 2015).

Desde 1989 radica en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde fue declarada Personalidad Distinguida de las Letras y Ciudadana Ilustre.