Sueños de comensal

Dedicado a Sandra, Trinidad, Kathy, Jheimy, Edhel, Aldo, Arturo, Eric, Julio, John y Wilder

“Take it on the other side

take it on

take it on”

Other Side—Red Hot Chili Peppers

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            ¡Compraste tu tarjeta del comedor! Esta frase sin saludo inicial llegó como un todo a los oídos de Aldo Sánchez Lara, Vizconde de Monte Lluta, estudiante de Periodismo, fotógrafo oficial de sus propias inspiraciones y nombrado con cariño como “Chuchi”. La interrogación continuó mientras salía de sus alimenticios sueños —¿Sí, sí, sacaste o no? Mira que mañana es el día del estudiante eh, eh. A la mala manoteó el aire y se levantó desde el pastizal donde se acunó para dormir su siesta reglamentaria de mitad de mañana. Levantó los párpados con dificultad y se le quedó mirando a Saeko, individuo que hace instantes lo sacó del país de Morfeo con su horrible voz. Le bostezó.

            Mientras se sobaba donde le cayó el golpe “para servir” que le dio su amigo, identificó al otro ser que lo acompañaba. Era Julius, el cual mantenía un silencio de expectativa. Los odió un momento. Luego, trató de acoplar la imagen de su alrededor con la de sus recuerdos antes de dormirse. Encajaban. Estaban en el bosque de Sociología, en la Universidad Nacional donde siempre había paralizaciones; al costado del Estadio que tantas rifas costó. Y si eso no era suficiente, la picazón en su cuello y brazos le indicó el roce con el pasto donde hace instantes babeaba sus ensueños.

            Asumió entonces su realidad inmediata de espectro estudiantil, a grado universitario, esa epifanía hizo que volviera a bostezar con intensidad, haciendo visibles sus amígdalas. Esto provocó un trío de risas desubicadas, con remanentes de locura, anticipos de un futuro. ¡Ya párale papa frita! Y más bien di si compraste o no tu tarjeta para ir de una vez donde las chicas o no eh, eh, dijo Saeko lleno de impaciencia mientras, para darle contundencia a su pregunta, zarandeaba a Aldo. —En primer lugar Saeko ¿Le enseñaste a hablar castellano a Chuchi?, dijo Julius. Saeko miró a Aldo con duda y Aldo empezó una defensa de su educación primaria en el colegio fiscal del pueblo donde nació. Pero los interrumpió la llegada de Marco Aurelio “John” Denegri: —Imaginaba hallarlos por estos lares y me preguntaba si ya podíamos irnos a comer, antes que mis ansias por alimento se traduzcan en un comportamiento caníbal con alguna paseante de por aquí. Saeko soltó a Aldo que cayó pisándole un pie y Julius hizo una acotación suponemos graciosa que se perdió en el barullo de una juventud que se mueve hacia donde no sabe, pero que definitivamente tiene hambre de algo.

            Mientras caminaban hacia la Facultad de Educación, Aldo les contó parte de su sueño donde la carne asada, ensaladas bien césars, servilletas con mozos pingüinescos y vino francés, ocupaban la mayor parte. ¿Y dónde dices que se celebraba el banquete Chuchi?, preguntaron varias veces, uno por uno sus amigos, pero Aldo seguía narrando los purés con una salsa media agria nomás, ¡Y si vieran los camarones! y los choclazos con queso ¿Ah?, Y el caldazo de cabeza de cordero ¡Uhmmmm!!!!!. ¡Plap! le cayó un golpe de Julius para servir, ¡Plap! uno de John para llevar, y ¡Ploc! de Saeko combo familiar. ¡No que era comida internacional!!!!, increparon. Y qué creen que es la comida de mi pueblo ¿Eh? Le dieron su vuelto con fuerza.

            Lo que pasa es que es un “Chuchisueño” dijo Trinity, una vez que le contaron las descripciones de Aldo. Además cada uno es libre de soñar lo que quiera, defendió toda sonrisa Sandra. ¡Gracias, mami!, dijo Aldo, y Julius Te recomiendo el filicidio Sandra. Aldo brincó sobre Julius y rodó con él por el pasto, pero quedó boca abajo y recibió caricias que dolían, se levantaron y partió como un rayo tras Julius. Saltaron los matorrales como tarucas en estampida. Ágilmente sobrepasaban los carros, por entre las personas, daban saltos entre las rejas, pasaban por debajo de las bancas cual cuyes hasta volver al círculo donde se encontraban Trinity con gripe pero sin ponerse la chompa, Sandra con sus palitos de helicóptero en el pelo y Saeko leyendo un libro de tapa amarilla con un barquito chiquito que se movía. Cayeron justo a los pies de este último que, molesto, les saltó encima. Sandra dijo algo sobre la cola inmensa para entrar al comedor y se dieron tregua para decirle a trío que John estaba guardado sitio. Se espulgaron las pajitas mutuamente antes de irse al gusano humano que los engulliría por unos instantes antes de entrar al salón del Comedor Universitario.

            ¡Alverjitas, odio las alverjitas!, se quejó Saeko con pucheritos de nene. ¡No te quejes! Se come y ya, lo reprendió Trinity. Además, es bueno para que engordes, terminó callándolo toda sonrisas, Sandra. Aldo, mientras tanto, estaba en otra, los veía batir a Saeko un rato, luego agarrárselas con Julius y así. John le preguntó sobre el lugar donde se realizó el banquete de sus sueños, Aquí mismo, en el comedor, respondió. Lo que pasa es que te estás proyectando en tu subconsciente al almuerzo por el Día del Estudiante de mañana, opinó John. ¡Pero era tan real!, pensando esto, Aldo se perdió la broma sobre la mazamorra verde de manzana que les tocó de postre y su comparación con lo que Trinity lanzará en sus estornudos de gripe. Todos dijeron ¡Aggghh!

            Terminado el almuerzo, se la pasaron conversando en el parque de la Facultad de Educación sobre la política exterior en Rumania y el estado financiero de la hija menor de Woodie Allen. Es decir de todo y de nada importante a la vez, para llegar al lástima que terminó, la función de hoy, al finalizar la cena en el comedor. Sandra, toda rulos, se fue a sus clases de idiomas, Trinity acompañó a Julius a sacar los lentes de su padre del oculista, John se fue diciendo algo sobre necesidades imperiosas con papel higiénico incluido y Aldo caminó con Saeko hasta tomar cada uno su carro. En el camino estuvo pensando cómo bromear con su amigo, pero de pronto se halló solo en el paradero, diciendo adiós con su mano a un Saeko que se alejaba en su combi. Se entristeció.

            En la cola del almuerzo por el Día del Estudiante Universitario, que no tiene tiempo para ir a su casa a comer o que no tiene familia en Arequipa que le prepare un mísero plato de comida al pobre, Aldo se preguntaba por qué eran los primeros en la cola. Se lo intentó preguntar a Saeko, pero éste estaba sacándose monedas de la oreja para sorprender a Sandra, la cual, mientras lo miraba sacar un Mareví de oro, dibujaba galletas de animalitos en el aire y se las comía luego. Entonces intentó llamar la atención de Trinity, pero ella no lo escuchó por estar cantando tengo el orgullo de ser peruana y soy feliz a voz en cuello. Le hizo señales a John, pero éste estaba conversando con una de las porristas del Sportivo Huracán que estaba a su lado en bikini. Julius, que parecía prestarle atención, realmente no lo hacía porque estaba convirtiéndose en una estatua de cobre para así pararse mejor.

            Se sintió tan solo como el día anterior a la hora de las despedidas, así que cuando abrieron las puertas para el ingreso, quiso explicarle al que revisaba las tarjetas porqué tenía la cara de un solo en sol menor, teniendo tal tracalada de amigos atrás. No pudo ni eso. Tuvo que recibir a la volada en las manos una gamela de metal con cuatro cubiertos y servilletas de papel. A causa de los empujones de Saeko avanzó para recibir el primer plato: una ensalada rusa con bastante mayonesa y dos huevos duros. El segundo plato fue una sopa que olía a pollo y tenía presas del ave para mayores rasgos con pedazos de pan frito flotando como islas. En el tercer plato, y al borde de las lágrimas, le fue servida guarnición de puré de manzanas y una enorme chuleta de chancho recién asada. En la quinta ventana del circuito le dieron un vaso con zumo de naranja con una rodaja al borde y en el sexto una copa de vino tinto.

            ¡Pero por qué!, se atrevió a reclamar. ¿No sabes que este día hay mejoramiento?, alguien le contestó. Bueno se dijo y enrumbó hacia alguna de las mesas largas que ahora lucían cubiertas por manteles y candelabros al medio. Una vez instalados, presenciaron que en el estrado al fondo del comedor, su compañero Wilder terminaba de colocar unas mesas en el escenario, para inmediatamente salir el Grupo de Teatro de la Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación, con Arturito Salazar, a la cabeza, quién anunció: Queridos compañeros comensales, tengo el agrado de presentarles la dos temporadas exitosa, la muy reconocida por los críticos locales y nacionales, qué digo, ¡Mundiales! aquí está para ustedes la obra: ¡Mentirosa, mentirosa!, con la presentación del refinado primer actor consumado Eric De Las Torres, seguido por las primeras actrices Kathy, Jheamy, Edhel!!!!!! Aldo esta vez sí que soltó la quijada. ¡Pero así no empieza la obra!, se atrevió a decir, y un sonoro ¡Cállate! lo apabulló. Las luces se apagaron y quedó iluminado el escenario.

            Aldo sabía de qué iba esa adaptación, es más, ayudó como luminito cuatro veces el año pasado y una quinta cuando la presentaron en el aniversario de su pueblo. Allá fue un éxito, pero allí, en ese momento era un bodrio, y lo peor es que todos reían menos él. No podía entender cómo era que los actores fallaran tanto y nadie se percatara, ni siquiera Julius que actuó en ella lo mismo que Saeko, quién nada decía, de pronto se dio cuenta que sus amigos no estaban en la mesa, sino en el escenario vistiendo el primero un disfraz de codorniz con alitas de pollo frito pegadas al cuerpo y el segundo estaba sosteniendo en la espalda una llama vestida de Presidente de la República. El acabose sucedió cuando, en una escena que incluía la persecución de un samurai a unos búfalos liderados por un caballo loco, agarrándose a tiros con un cachaco, salió abruptamente Arturito para llamar en público a Aldo, varios brazos salidos de quién sabe dónde lo llevaron alzado al escenario donde todos lo felicitaron de pie y con aplausos por ser escogido el “Comensal del año”. Desesperado, el muchacho atinaba a querer bajarse de allí, ¡De pronto! una lluvia de fotos suyas desnudo bañándose en un río de su tierra cayó sobre ellos. Aldo se desmayó, mientras que a lo lejos se oía una risa atolondrada, con remanentes de locura.

            ¡Chuchi! ¡CHUCHI! Despierta Aldo, ya no te hagas el dormido. Aldo abrió los ojos trastornado, y le fue difícil reconocer a Sandra, Trinity, Saeko, Julius y John que lo rodeaban con caras de preocupación. Parece que tenías una pesadilla Chuchi, dijo Sandra. Sí la tuve, suspiró, se levantó y sonrió, feliz de hallarse sano y a salvo de fotos comprometedoras. Pero bueno, ya vamos al comedor ¿no? que tengo un hambre, dijo. Saeko preguntó si había comprado su tarjeta. Sí, lo hice, pero… díganme una cosa: ¿cuándo es el Día del Estudiante? Alguien le dijo hoy. ¿Y qué hay de almuerzo?, indagó con temor. ¡Ay Chuchi! pareces nuevo, ¡Hay pollo al horno y gaseosa!, alguien le respondió.

            Aldo corría gritando hacia quién sabe dónde, mientras sus amigos lo veían perderse entre los universitarios con caras anónimas. Tenía que pasar algún día, dijo Julius. Saeko mencionó algo sobre la locura espontánea. Sandra todo ojos movió la cabeza. John miró a una chica que pasaba por su costado y Trinity concluyó: esto es un “Chuchimisterio”. Todos estuvieron de acuerdo.

Arequipa, octubre 2003

*Este cuento está incluido en el libro “Palo con Clavo y Santo Remedio” 2014