Una ayuda real para los niños que trabajan en la calle

Julia baña a su hermanito, porque no hay nadie quién más lo haga, al menos con el amor con que lo hace...

Julia baña a su hermanito, porque no hay nadie quién más lo haga, al menos con el amor con que lo hace...

Es extraño cuando alguien te dice: “está bien hazme la entrevista pero no recalques mucho sobre la institución, sino sobre los chicos”, entonces por respeto a esas palabras ni siquiera mencionaré el nombre de la persona que me dio la información sobre el proyecto denominado “Luz y Esperanza para los Niños Trabajadores de Chimbote”.

 

Imagínense un grupo de niños que, después de trabajar más de diez horas en la calles polvorientas de una ciudad de nos más de 200 mil habitantes, se reúnen para conversar, aprender, compartir experiencias y, principalmente, sentir que son importantes para alguien.

 

Desde hace dos años, un grupo de niños de la ciudad de Chimbote cumple esta especie de utopía en la Parroquia San Francisco de Asís. Las manos grandes del sacerdote que los acogió, no para de dar palmadas en la cabeza de los menores. “los golpes más duros no son los físicos –me dice- son los del alma y esos quiero curar”.

 

Lo sigo con la mirada mientras me muestra a uno y otro de estos 35 chicos, de los cuales el 60% está acudiendo a la escuela con regularidad, varios fueron reconocidos por sus padres y otro tanto ya salió de la desnutrición.   

 

Este grupo, (LENTCH), nació gracias a la iniciativa del padre Miguel Stockinger, al cual ahora incumplo mi promesa de no mencionar. Y es que mientras escribo estas líneas que debería ser impersonales, me gana nuevamente la emoción de sentir que si se puede, si se logra y SÍ SE COSIGUE romper la coraza de miedo a hacer algo concreto por esa realidad dura y cruel que es ver a un niño trabajando como adulto en vez de disfrutar de una época que determina la personalidad adulta.

 

JUAN Y MARÍA

 

Juan es un pequeño que tiene siete hermanos, trabaja limpiando parabrisas entre las calles Gálvez y Bolognési, a su corta edad ayuda en casa económicamente, pues desde las 3 de la tarde sale a trabajar. Nos dice, feliz, que le gusta lo que hace y que siempre ayudará a mamá. Además, me manda de contrabando un mensaje para todos los niños del mundo, en la Semana de los Derechos del Niño: “Ayuden a sus padres, respeten los valores y no se peleen entre hermanos”. Y también un pedido a las autoridades: “Ayuden a los niños en su desarrollo; en su alimentación y vestido”.

 

María, por su parte, es tímida, pero de ideas centradas. Dice ser la última de casa. Ella trabaja vendiendo caramelos. Nos dijo: “Todos los niños deben cuidarse de los peligros de la vida”. Añadió que está feliz ahora, porque antes, cuando los golpes arreciaban en su vida, no conocía lo que era la felicidad. Las marcas del destino en su mirada nos hablan de una niñez truncada, pero, cuando sale de ese momento, vuelve la niña alegre que quiere quedarse con mi lapicero, lo que al final consigue con una sonrisa pícara y traviesa.

 

CODA

 

Como ellos hay varias historias, la cuales quisiéramos que todo el mundo conozca, que se difunda en titulares grandes y que las rotativas no pararan de imprimir sus caritas de esperanza al saber que están peleando por cambiar un futuro que, muchas veces, les determina en la sociedad a no conocer más allá de la pobreza y la miseria que los convierte, con el tiempo en esos, drogadictos, borrachos y delincuentes con que los demás, nosotros tú o yo, los margina al ver sus ropas sucias y sus manos anhelantes.

 

Hay un futuro distinto al que te venden a diario, ¿te animas tú a intentarlo también?.

 

José Luís Perales compuso esta maravillosa canción “Que canten los niños”, recordémosla porque en ella se canta algo de ese anhelo que vive en cada uno de nosotros.

“Soy un hijo del SIDA”

¿qué tiene que ver si este niño tiene SIDA o no?, igual su mirada es de inocencia...

¿Qué tiene que ver si este niño tiene SIDA o no?, igual su mirada es de inocencia...

Le pregunté a “Patusco” que era ser un hijo de Sida y esto me respondió:

“Cuando tenía diez años me enteré que mi padre tenía SIDA y me pregunté si es que yo también moriría como el: flaco y sin fuerzas para decirme sus últimas palabras.

Cuando estuve en ese hospital público pude ver cosas que me aterraron de verdad, más que la cara llena de manchas de sangre de mi progenitor. Y es que la indiferencia con que me miraba la gente me causaba una sensación de temor. No entendía que no me miraban por no contagiarse ellos mismos… que tontería ¿verdad?, pero algunos piensan que mirar a una persona enferma con el SIDA ya es posibilidad de contagio.

La vida después de la muerte de un ser querido es dura, y más si sabes que es posible que te dejara una herencia que nunca vas a olvidar. En este país los hospitales son una bomba de tiempo para el contagio, yo mismo en una ocasión toqué la sangre de mi padre porque nadie se la limpiaba. La enfermera de turno le tenía terror así que era raro que estuviera cerca de él. Pero de algo sirvió esos días de negrura y soledad en ese edificio donde el sentimiento no existía…

Aprendí que el contagio mío era posible porque mi madre no se cuidaba con mi padre y que ella se fue de la casa justamente porque se enteró que tenía la enfermedad. Todos esos años creí que se había ido porque no amaba a su familia, ahora sé que murió en Panamá en la casa de unos tíos evangelistas que la acogieron por caridad. 

Comprendí que la familia de ambos lados tenía mucho miedo al contagio por eso no se acercaban y por eso nadie quería hacerse cargo de mi.

Y sí, en el hospital me sacaron muestras de sangre para determinar si tenía el VIH.

PREJUICIOS

En esas horas descubrí que varios de los enfermos no eran ni homosexuales ni prostitutas como siempre escuché que eran todos los contagiados. La verdad que me importaba un peino si mi padre era lo uno o lo otro. Él me había criado tratando de que siempre considerara que todos éramos iguales.

Cuando llegaron mis tíos lo primero que me preguntaron era si ya tenía los resultados. Cuando les contesté que no los había sacado aún ni me volvieron a hablar. Cosa que agradecía porque no quería conversar con nadie, quería entender que estaba pasando y que tenía que hacer. Ya una enfermera caritativa me dijo que mi padre no viviría después de esa crisis.

Cuando tomé la decisión de vivir, mi padre murió, atragantándose con la sangre de los estertores de la pulmonía fulminante que me dejaba huérfano. No esperé los resultados, ni las palabras de consuelo, ni siquiera me despedí de su cuerpo, simplemente huí…

Durante años vagué por la calle con otros niños, creo que hasta los catorce, cuando conocí a Mariela, una chica con la que tomábamos y nos drogábamos con pegamento. Una noche quiso tener relaciones y una luz de entendimiento me salvó de hacerlo. Creo que fue algo sobrenatural porque de por si ya no me interesaba nada y esta listo a recibir cariño de quién fuera… pero no lo hice.

BUSCANDO AYUDA, DANDO AYUDA

Al otro día busqué ayuda en ese hospital y la recibí, con la cara de sorpresa más grande del mundo, por supuesto. Ya no me tenía miedo, ¿qué habría pasado en esos años? No sé pero esta vez si me acogieron y me llevaron a un albergue donde me bañaron, vistieron y arroparon en una cama después de milenios creo yo de no dormir en un lugar caliente.

A los días me dieron los resultados. Eso me llevó a tomar conciencia de todo y me impulsó nuevamente a decidir vivir. Por eso estoy aquí, trabajando en este albergue de niños que, como yo, tuvieron padres con el VIH. Por eso estoy aquí codo a codo arrancándole a la Muerte a estos niños que no tienen porque sufrir las cosas por las que pasé. Ahora sé que se puede dar a luz a un niño sin contagiarlo si se tiene cuidado, también sé que existe un motivo para la vida, que vale la pena gastarla por algo que valga la pena y no desperdiciarla a lo fácil.

Sé que quieres saber si tengo o no el virus, pero ¿eso importa?, más deberías preguntarte si tu tienes encima el virus del prejuicio y el miedo que contagia y mata más que el SIDA…”      

CODA

Existen en el mundo miles de hijos del SIDA que nunca tuvieron la culpa de su enfermedad… todos podemos hacer algo si le bajamos la velocidad al prejuicio, al libertinaje y a la permisividad de una vida que apunta más al placer fácil que al verdadero esfuerzo de conseguir la felicidad.

La canción de hoy llega con dos grandes: Willie Colón y Héctor Lavoe, que bien pueden hablarnos de lo efímero que es la existencia y lo preciosa que puede llegar a ser cuando una le da su debida dimensión y valor… Con ustedes “Todo tiene su final”

¿Vomitaré hasta que muera?

¡Mira!, estoy regorda...

¡Mira!, estoy regorda...

 

A decir verdad yo decidí tener esta enfermedad… La primera vez que me autoinduje el vómito debí tener 15 ó 16 años… Había comido como un cerdito así que se me hizo una buena opción eso de “eliminar las calorías” vomitando… En ese entonces debí hacerlo contadas ocasiones, pues me daba mucho asco y la sensación de nauseas constantes, luego de vomitar, me desagradaba bastante. Así que sólo vomitaba cuando había comido demasiado.

 

Durante mi infancia fui una niña podría decirse que incluso flaca. Aunque nunca faltaron los comentarios referentes a la importancia de mantenerme en línea. Cuando tenía aproximadamente 8 años. Un tío hizo un comentario, que quizá él consideró inocente, pero que a mí me hizo una marca no sólo en el corazón, sino también en la autoestima… Habíamos dejado de vernos durante vacaciones. En cuanto me vio llegar exclamo: “Frida!!! Nada más sales de vacaciones y te inflas, Bueno, nada más que vuelvas a la escuela volverás a bajar”.

 

Quizá para él fue un comentario sin relevancia alguna, aunque no fue por supuesto ese mi caso… A los 14 años más o menos empecé a subir de peso. Mi familia y padres me insistían que bajara de peso con argumentos como “Cuando bajes de peso, serás lindísima” “Cuando bajes de peso, traerás a muchos chicos tras tus huesitos” (Bien decía huesitos…) “Cuando bajes de peso…”, “Cuando bajes de peso…”, “Cuando bajes de peso…!!!” Uuuuufffff eso por supuesto aunado a mensajes indirectos de mi padre donde me decía tonta, ignorante, etc. 

 

AUTOESTIMA DAÑADA

 

Y bueno… lógicamente eso terminó con mi autoestima. Afortunadamente en la escuela nunca me molestaron por estar gorda. Lo cual me hace pensar que en realidad mis padres exigían demasiado. Necesitaban que fuera la hija ejemplar en el aspecto físico. Entonces empecé a angustiarme de una forma increíble. Recuerdo una ocasión que salimos de vacaciones a provincia; fuimos a visitar a la familia… Llegamos a Camaná y yo me sentía bastante bien, pues constantemente me llegaban arreglos florales, cartas, etc de los chicos del lugar. 

 

Pasados dos años aproximadamente (durante los cuales por supuesto tuve a mi madre, padre, familia y amigos de la familia sobre mí para que bajara de peso) regresé a visitarles. Una amiga y yo fuimos a la disco. Comenzamos a bailar y llamamos la atención de un grupo de chicos del lugar por nuestra forma de bailar. Así que uno de ellos se acerco a mí. Y dijo… “te parece si bailo contigo y que mi amigo baile con tu amiga???” A lo que accedí. Poco después; otro chico (del mismo grupo de amigos) se acercó a mí y luego de charlar un rato, relacionar situaciones, personas, etc Mencionó… “Claro!!! Yo te conozco!! Eres la chica que traía loquitos a todos los chicos de aquí hace dos años… Pero bueno… es que no te reconocí porque estabas más delgadita…”. 

 

EMPEZAR A VOMITAR

 

Luego de eso llegué a casa y comencé a golpearme el abdomen frente al espejo y lógicamente también a llorar. Y me prometí a mi misma que bajaría de peso a como diera lugar. Un día escuchando el radio, descubrí que eso que hacía yo esporádicamente se llamaba bulimia, que era una enfermedad y habían chicas que perdían kilos y kilos dejando de comer. Metiéndose laxantes, diuréticos, pastillas, haciendo ejercicio, etc. Que comías lo que querías, ibas a vomitarlo y listo!!! Todo resuelto!!! Por supuesto este no era el mensaje que daban en dicho programa. 

 

Comencé a dejar de comer, (aunque lo más que llegué a aguantar sin alimento fueron 3 días) Así que me inclinaba más por la opción de comer y vomitar. Que podían ser hasta 12 veces en un día. Claro… cuanta cosa me llevaba a la boca; terminaba en el w.c. Al principio era demasiado difícil, pues me daba muchísimo asco, detestaba esa sensación de vacío en el estómago y las nauseas que te quedan luego de hacerlo repetidas ocasiones en un sólo día resulta desagradable. Pero bueno… no me importaba porque finalmente era para una causa noble, o así lo sentía yo. 

 

Aunque me desesperaba a veces porque me costaba trabajo vomitar o en ocasiones me daba miedo a sensación que provoca el esfuerzo, que terminaba con un dolor de garganta espantoso y en un par de ocasiones el cepillo con el que me provocaba el vómito salió con algunas gotas de sangre lo cual me asustó un poco, pero en cuanto me miré e el espejo dije… *qué susto ni qué nada!!! Lo que sea por bajar de peso. Hasta la muerte si es necesario!!! No te puedes, ni te vas a morir gorda”. 

 

Finalmente el esfuerzo y el sufrimiento, o la desagradable amargura de la bilis en cada visita al baño luego de haberlo depositado todo en él, bien valía la pena… Iba a ser bellísima cuando bajara toda esa asquerosa grasa. Y así estuve por varios años… De repente lograba bajar unos kilos cuando ayunaba. O controlaba las calorías. (300 ó 400 al día). Pero en realidad era más que nada “mantenerme” o incluso subir de peso. Pues cada vez que uno vomita, o deja de comer, el cuerpo (nada tonto) se percata de que no le estamos alimentando o le quitamos lo poco que introducimos en él. 

 

DURO

 

Un amanecer en el buscama rumbo a Lima, me hizo cambiar mi visión. Al igual que el amor de un chico (en ese momento) maravilloso. Y creció en mi la necesidad de estar bien. Así que reafirmé mi deseo de bajar a la buena. Y bueno… deje de vomitar por un tiempo, pues estaba ya yendo al gimnasio diariamente 4 hrs. Tomaba litros y litros de agua. Me aplicaba unos supositorios para sudar más, pastillas (que por cierto me provocaban angustia y taquicardias) Desayunaba y almorzaba Slim Fast… A veces lo tomaba también por la noche o bien me servía una taza de arroz hervido. Pero no fue hasta que busqué ayuda médica que no empecé en serio a tratar de sanarme.

 

Pero llevo ya desde Febrero de este año con sólo 3 vómitos y una recaída de cortes. Me da pánico comer. Me restrinjo demasiado. Mi equipo de médicos y yo, coincidimos en que lo mejor es ingresarme a la clínica de trastornos de alimentación. Por lo que el próximo lunes 11 de mayo me internarán por al menos un mes. Pero estoy dispuesta a no salir de ahí hasta que no esté completamente recuperada, ojala lo logre…

 

Dido-White Flag

Mi reino en la basura

¿Qué busca un niño en la basura?, ¿felicidad?, ¿amor?, ¿dignidad?, ¿qué buscas tú?

¿Qué busca un niño en la basura?, ¿felicidad?, ¿amor?, ¿dignidad?, ¿qué buscas tú?

Mi mamá me contó que nació en un pueblo lleno de cerros y árboles. Ella dice que todos los días se levantaban temprano para ordeñar una vaca y luego se iba a la huerta a sacar cosas para el desayuno. El trabajo era duro, pero la tierra era suya, dice. Mi abuela también recuerda esas cosas, en especial en la noche, cuando entre sueños parece que recuerda a mi abuelo, porque lo llama y llora. A veces en medio de la noche, mi mamá se levanta gritando: “No lo maten, por favor, no, no me toquen”, luego se vuelve a dormir. Una vez supe por qué las dos, mi abuelita y mi madre, lloran tanto: a mi abuelito lo mataron los terrucos, hace años y en medio de la plaza del pueblo donde nacieron. Parece que a mi mamá le hicieron daño de otra manera, pero no me cuenta. Luego de eso, parece que alguien les quitó la casa y la chacrita y se vinieron para el botadero de basura.

 

¿Quiénes eran los terrucos?, yo no sé, y felizmente acá al basural nunca vendrán. Porque de verdad nadie viene, a no ser los camiones que recogen las bolsas y uno que otro comerciante en taxis. Esos me dan miedo, porque siempre vienen a tratar de botar a mi familia. Esos hombres malos quieren toda la basura para ellos, como si la hubieran comprado. Una vez que mi madre quiso sacarse una cocina vieja de entre los restos, uno de esos hombres la descubrió y le pegó tanto que le sacó sangre. Yo ni podía hacer nada, quise tirarle piedras, quise matarlo con un cuchillo, quise que lo castigue Dios, pero no me atreví, creo que soy un cobarde.

 

TESOROS

 

Por eso es que tengo que esconderme, para poder sacar mis tesoros de la basura. Como a mi familia sólo le dejan sacar los restos de la basura quemada, tengo que esperar a la tarde para poder escabullirme entre la basura para buscar entre ella. Cuando encuentro algo bonito, lo recojo y lo llevo hasta mi lugar secreto, debajo de llantas viejas de camión que nadie se atreve a mover.

 

Allí guardo cosas bonitas. Allí está un collar con piedras de colores, un libro con tapa dorada, una navaja, varios anillos y mi más preciado tesoro: un libro de fotos de batallas. Con el libro sueño a veces que estoy en otro mundo, donde soy un capitán de una armada y que combato a esos llamados terrucos, para que no vuelvan a hacer daño a nadie, en especial a mi mamá. Como fui al colegio hasta tercer año, sé leer algo, y, en el título del libro se lee algo así como: “La Segunda Guerra Mundial”. También tengo otro que es una Biblia, pero no la leo mucho porque es complicada.

 

A mí me gusta cuando me cuentan cómo nací: dice mi mamá que le vinieron los dolores cuando vivían allá en La Pascana. Fueron a pedir ayuda a los vecinos, pero nadie sabía cómo hacer nacer a un niño. Así que mi mamá y mi abuelita se fueron caminando hasta la carretera. Allí nadie paraba para ayudarla, pero ¡de pronto! Un camionero paró y las recogió. Dicen que llegué ya con la cabeza afuera al Centro de Salud y que los médicos se asustaron, pero nací al final. Luego gentes amables me regalaron ropita y comida para mi mamá. Pero finalmente tuvimos que regresar al botadero de basura.

 

Me gusta la historia por el camión que nos llevó. Yo nunca he estado encima de un camión, pero debe ser emocionante viajar de un lado a otro. Yo nunca he salido de un botadero, más que para el colegio, pero eso me duró poco. Siempre que puedo acercarme a uno, lo hago y pregunto cómo funciona, a veces me responden, otras, me botan, pero me da igual, sólo con sentirme cerca de uno de esos carrazos me siento feliz.

 

Debe ser por eso que me gustan tanto los autitos. Yo los busco más en la basura, a veces hallé un trencito o un bote, pero no me gustó, pero sí los carritos, así estén todo rotos, yo los recojo y los reconstruyo. Tantos tenía que llené una caja grande. Pero vinieron esos hombres malos y por tratar de botar a mi familia, se llevaron mi cajón.

 

DESTIERRO

 

Mi abuelita dice que si nos botan de aquí no podremos ir a otro lugar, porque allá en su pueblo no le quedan parientes y ellas no saben hacer nada. Una vez pregunté por mi padre, pero se quedaron calladas las dos. Nosotros vivimos de la basura y eso no creo que cambie por mucho tiempo, ya que aquí, en La Estrella, está nuestro hogar.

 

Con sinceridad no sé quién es Papá Noel. Dicen que es un gordo extranjero que viene en la noche que nació Jesús y te deja regalos, yo no creo, en todo caso por acá nunca vino, no lo culpo porque el olor de la basura espanta a cualquiera, en especial al medio día.

 

Hace unos días vinieron unos periodistas y me sacaron fotos, hasta jugué a las escondidas con uno, pero se fueron. No me trajeron regalos, pero no me importó, a mí me gustan las visitas y les pedí que regresaran otro día para mostrarles mis sitios secretos.

 

Nadie más vino, y por supuesto, menos el gordito de rojo. Esa noche la pasamos mi mamá, mi abuelita y yo solitos en nuestra casita de esteras. Mi mamá consiguió para mí unos juguetes de caridad y a mi abuelita le regalaron un panetón. Mamá se enojó tanto porque no teníamos qué comer que mató a la gallina que teníamos. “Ya compraremos otros pollos”, me aseguró para que no llorara.  Yo le tenía cariño a la Filomena…

 

Ya en la noche nos alumbramos con el lamparín y rezamos porque el Niño nos bendiga, nos traiga más trabajo, y haga que la gente bote más metales y juguetes. Eso último lo pedí yo, ya que me disgusta ver que mi mamá está con las manos ampolladas de tanto buscar entre cenizas los fierros para vender. Los de los juguetes… bueno es que no tengo muchos.

 

Sueño que me encuentro dinero en un maletín y que me llevo a mi mamá y a mi abuelita a su pueblo y que, cuando llegamos, nos reciben con una gran fiesta y comida y música, porque todos nos quieren y nos aprecian. Yo les muestro mis tesoros y ellos me acarician la cabeza. En mi sueño están esos niños malos que se burlaban de mis ropitas y mi olor allá en la escuela, pero un hombre grande les da de coscorrones para que no me vuelvan a insultar. Allí también están los hombres malos, los terrucos y los de las vacunas que tanto me hicieron doler, y el niño Jesucito los desaparece, porque al final de cuentas no les deseo que sufran, sólo que se vayan de mis recuerdos.

 

SOÑAR NO ME CUESTA…

 

Sueño con esas cosas en medio de mi reino de la basura, donde soy dueño de prestado de las cosas que ustedes botan. Porque todo puede servir para algo y en especial nosotros que trabajamos tanto. Todos nos llaman “ceniceros”, y si esos somos, bueno, qué importa, siquiera trabajamos y no robamos a nadie, así vengan esos que dicen ser los dueños de la basura, así vengan con sus camiones y nos arranquen a la fuerza nuestras cositas. Yo sé que seré algún día grande y que nadie me podrá humillar nuevamente, que nadie le volverá a pegar a mi madre y que mi abuela no tendrá que vender su diente de oro para que me compren medicinas, como esa vez que me comí los restos de un sanguche y me enfermé mucho. Yo sé que seré diferente, así no tenga que contar con la ayuda de nadie, pero es triste estar sólo en una tarea así, felizmente mi mamá aún está conmigo, aunque sé que mi abuelita de repente ya no lo esté. Con todo yo sigo en mi reino, por ahí alguno de ustedes quiere visitarme y si vienen al botadero pregunten nomás con confianza por Miguelito, todos me conocen.

 

CODA

 

A Miguelito y su familia los conocí allá por el año 2005 cuando hice el informe sobre las Mafias de la Basura… las fotos de él se perdieron, pero ¿saben?, aún lo recuerdo cuando le dije que corriera hacia mi para sacarle una sucesión de fotos… sus ojos alegres llegando hasta mi son algo que no se olvida, por Dios que no…

 

Duerme, duerme negrito – Voces Corales

 

 

 

Está es la versión original de la canción por el inmortal Víctor Jara

Violación tras violación tras violación…

Hasta donde se puede dañar a una persona... hasta donde llegan las consecuencias de una violación...

Hasta donde se puede dañar a una persona... hasta donde llegan las consecuencias de una violación...

En el cuaderno de reportes del caso de María, encontré una verdad más grande de la que esperaba. Todos sus problemas de pareja actuales partían de esa serie de violaciones que de niña le deformaron el concepto del amor. Todos esos detalles fueron pasados por alto por sus parejas y el actual esposo de ella tienen la misma definición a su comportamiento: “Está loca” me dijo. No saben la verdad más allá de lo que pasó…

 

FLORECIMIENTO TRUNCADO

 

Ella era una niña de sucia carita, porque allá en el cerro donde vivían no tenían agua como para darse el lujo de la limpieza. Ella era la menor de cuatro hermanos y todos dormían en la cama de la madre, separada desde hace mucho de su progenitor. Los días son parecidos: reclamos para que trabaje, para que limpie, para que barra, para que atienda a sus hermanos. Ella crece sin caricias ni abrazos, crece con la soledad en el pecho.

 

Hace su aparición por esos días un hombre que empieza a frecuentar la casucha de techo de calamina que tienen. Es extraño, pero la casa es un desastre y no debería serlo, los vecinos a pesar de padecer las mismas carencias, tienen la frentera barrida, un jardín ínfimo de geranios bien cuidados, los niños andan limpios y la madre trabaja en el mercado. María los ve felices. 

 

En su casa reina el caos de las botellas de cerveza que compra el hombre que se queda en las noches y ya desplaza a los hermanos a dormir en el suelo. En una de esas noches el hombre se asegura que la madre está ebria y dormida y se acerca donde esta recostada María. Ella es una niña aún, pero las manos del hombre la tocan como si fuera una mujer. La niña se pregunta por qué no toca a sus hermanas mayores, debe ser que ellas son ariscas, debe ser que ellas están despiertas y listas para gritar si el hombre se les acerca, ellas saben que está pasando… 

 

LOS CUÑADOS

 

Las manos del hombre se vuelven familiares y María hasta siente en ellas la ternura de una caricia muchas veces negada, hasta que la situación cambia, la madre ya no se emborracha y mantiene al hombre en la cama. Una mirada de furia y celos aparece cuando mira a la menor de sus hijas. María no entiende el rencor de su madre, sólo sabe que los golpes le llueven más que antes. Las hermanas, tal vez buscando escapar de esa escena, tal vez porque les prometieron amor, se metieron muy chiquillas con otros chicos de su edad y se fueron a vivir con ellos. Quedan el hermano de doce y María que tiene once años solamente.

 

Una vez la madre la manda a buscar dinero a casa de una de sus hermanas y sólo encuentra al marido de esta. El tipo no desaprovecha la oportunidad y somete a María, no una sino varias veces jactándose de que él es su “primer hombre” que lo recuerde bien. Al final de la escena la niña está tranquila, es como si supiera que eso es lo que sufriría, de repente en su mente esa forma de amor de queda grabada, porque el tipo en un intento de tapar su felonía le compra galletas, dulces, la besa, la abraza. 

 

María piensa que entonces que un hombre se suba encima de ella y la haga sentir cosquillas es normal, tanto así que en el cuarto donde vive la otra hermana la escena se repite una vez más, con la diferencia que esta vez el tipo la tiende de espaldas y le hace conocer un nuevo dolor. Ya la mente de la niña está deformada, el abuso sucede por varios años, tanto así que hasta un vecino de los cuñados aprovecha de esta situación para también violarla. Pero algo cambia, ella ya no siente placer cuando ellos están dentro de ella, porque ya empezó a notar que se burlan de su condición, que la insultan y hasta la sortean y le pegan. Ya no va entonces a las casas de sus hermanas y su madre se harta de que esté metida en la casa, porque los estudios nunca estuvieron en su vida, siempre fue tratada como una esclava, salvo que esa palabra para María no le dice nada. 

 

ESCAPAR

 

El escape de María sucede cuando su madre la bota de la casa, acusándola de que el padrastro ya empezó a mirarla con otros ojos y que de repente ella se quiera quedar con él. María no sabe que decir, casi nunca ha dicho nada en su vida por defenderse. Vaga por días en las calles, un borrachó intentó violentarla pero la furia de ella puso en escape al agresor, menos suerte corrió con un grupo de drogadictos que la llevaron hasta una torrentera y si no la mataron fue porque ella no se quejó. 

 

Así la encontraron los de la Policía en las calles, desamparada y con hambre y la increíble suerte de no estar embarazada. Luego, la historia hasta fue difundida por los periódicos, ¿se acuerdan?, fue el caso de la niña que estuvo en un albergue y que su hermana, para que manden a prisión a su ex conviviente, denunció la violación. La justicia tarda pero llega, pero en este país llega como un suspiro, ya que a los dos cuñados les dieron cuatro años de cárcel de los cuales sólo cumplieron 2. A la madre también la juzgaron, pero no le dieron condena de cárcel, al padrastro y al vecino penas menores y supendidas. María terminó de crecer con la ayuda de las personas que se interesaron en su caso. 

 

SEXUALIDAD DESHECHA

 

No le contó a nadie de su padecimiento anterior. La historia borra las huellas de los que quieren que así sea, pero las grietas del interior no sanan. De esa manera las parejas sexuales de María, siempre se quejaron de que era fría, que no respondía con placer. Su actual pareja no le importó demasiado eso ya que la quería para bien, se casó con ella y pensó que con cariño y amor le devolvería esa sonrisa de satisfacción que toda mujer amada debe tener. Falso. Lastimosamente la capacidad de tener un orgasmo de María estaba irremediablemente perdido, contarle al marido sobre las violaciones no causó sino que el pobre hombre creyera que el placer sólo lo sentía con esos hombres que violaron su niñez…

 

Están por separarse y María no sabe porque realmente, en su mente no entra las ideas de que fue esa situación en su pubertad la que ahora le afecta el clítoris. “Todo tiene su etapa y a ti se te adelantó una” tratamos de decirle para que reconozca primero la condición en que está, pero ella se niega, quiere que le digamos que le gustaría a su esposo que ella haga, porque ella ya le ha tratado de dar todo, pero lo que no puede evitar es llorar una vez que él termina de estar con ella en la intimidad…

 

Entonces hablamos con el esposo, y al final comprendió que todo tienen relación, que ella lo ama pero en la oscuridad de su mente aún acecha el peligro y el sometimiento sexual del que fue objeto. Él entonces comprende también que la única manera de superarlo es con una larga terapia de pareja, en la cual se incluyen dolorosas sesiones de regresión, de perdón para ella misma y sus padres, de confesión de que ella necesita ayuda, todo un sinfín de cosas que no deberían suceder, porque María debió crecer y enamorarse naturalmente y tener relaciones sexuales si es que ella las deseaba y con el cuidado y ternura que da el enamoramiento, ella no debería pagar las culpas de unos desgraciados que sin conciencia y peor que animales, se aprovecharon de ella… Lastimosamente como María en este país hay muchas ¿no?…

Coda

Para no terminar tristes con una realidad tan opresiva, escuchemos la historia de Eva, en la voz del gran Silvio Rodriguez.

¿Por qué desprecias la mano del niño que te suplica dignidad?

¿Te quedan ganas de sentirte humano al ver a un niño trabajar en la calle?

¿Te quedan ganas de sentirte humano al ver a un niño trabajar en la calle?

Cristian no quiere que lo  fotografiemos porque dice que su papá conoce a varios municipales, obviamente su miedo es porque ellos le dejan trabajar algunas horas los sábados y de llegarse a enterar los jefes de estos pueden despedirlos. Él no sale a vender juegos de agujas porque lo obligan, lo hace porque quiere ayudar a su mamá y papá y por eso lo hace los fines de semana.

 

“Los demás días estudio y con el dinero que gano me ayudo para las tareas”, nos cuenta. El gasto que realiza en papel impreso, compra de materiales para los ejercicios y las horas en Internet buscando información son un monto suplementario que a veces no pueden afrontar los padres de familia.

 

Cristian es un caso aparte y ya se quisiera que los demás niños que andan trabajando en el Cercado lo hicieran con las mismas motivaciones, pero no es así. Son 5 mil niños que trabajan en Arequipa, según datos de la misma Organización Internacional del Trabajo (OIT). Esta institución viene desarrollando un programa para retirar de la vida laboral a los niños mineros de Caravelí. Actualmente se desarrolla un trabajo en el poblado de Chaparra, pero, según un informe reciente se destaca que en la ciudad han comenzado a aparecer más niños y lamentablemente por causas directas relacionadas con el aumento de pobreza en la región.

 

CASOS Y COSAS

 

Es el caso de Jonathan quién a sus siete años limpia parabrisas en una esquina de la calle Mercaderes. Su madre llegó con él desde el poblado de Charcas en Cuzco porque su padre murió hace dos años. Tiene el cuellito sucio pero las manos relucientes con el contacto diario del agua jabonosa con la que limpia los parabrisas por unos centavos. No quiere dar su nombre real pero su compañero Gustavo de 12 años lo delata en medio de risas. Los dos comparten algo: son huérfanos de un progenitor. En el caso del mayorcito el alcoholismo de su padre lo empuja a las calles y ya perdió el año escolar “es que flojee mucho”, nos dice.

 

Niño es todo ser humano menor de 18 años de edad, así lo establece la Convención Internacional de los Derechos del Niño aprobada en 1989 por la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero en su condición de menores la Ley no permite el trabajo forzado. Además una serie de principios generales contempla la protección de sus derechos, libertades y condiciones para su desarrollo. Así, los niños tienen derecho a la educación, a la salud, al juego, a la protección contra el maltrato y el abandono. Cuando se ven obligados a trabajar, compatibilizar trabajo y asistencia a la escuela supone un esfuerzo que se traduce, en el mejor de los casos, en altos niveles de retraso y deserción escolar. Sin educación, se reproduce el círculo de la pobreza.

 

EXPLOTACIÓN

 

Panorama siniestro fue el que encontramos en las intersecciones de las calles Piérola y Palacio Viejo, donde un grupo de menores echa “suertes” con un ramo de ruda en la mano. Son varios, tantos como los perros callejeros que se acomodan a un costado de una agencia bancaria cercana. Los menores son vigilados desde cerca por una señora que rehuye a las preguntas y hace gestos amenazadores. Le dicen “mamá Julita” y difícil creer que todos los niños son suyos, según nos cuentan ella los lleva a allí por encargo de padres inescrupulosos que los alquilan de esa manera para que pidan limosna.

 

La insensibilidad de nuestra sociedad ha hecho que obviemos este aumento de niños en las calles y nos quejemos a voz en cuello de que esos niños están molestando. La verdad es que muchos utilizan parte de su ganancia para jugar “gund bound” en las cabinas de la calle Paucarpata, donde la hora de Internet (y del escape de su realidad) les cuesta 70 céntimos de sol, cierto también que organizan trifulcas en plena calle y que algunos de ellos meten la mano rápidamente a las carteras. Todo eso podrá ser cierto pero la más triste realidad es que nadie hace nada concreto para atender sus problemas, hacerles seguimiento o simplemente escuchar sus dolorosas historias y consolar sus lágrimas… Nosotros escuchamos algunas y poco a poco, contaremos sus vidas…

Con cariño para ellos: Chicles, cigarrillos caramelos del gran Miki Gonzáles

¡Estoy rejodido pero respiro aún!

¡Buscame trabajo pues chocherita...!

¡Buscame trabajo pues chocherita...!

Cuando en las mañanas me levanto, siento que va a ser un día más de esos donde no habrá trabajo, y, por vida que me quiero dormir unos minutos más. Pero siento a mi madre prender el primus en la cocina, al perro que ladra al sol de la mañana y no me queda más que sacudirme las frazadas y meterme en la ducha para bañarme, así con frío y todo.

 

 

Me llamo Juan Mamani Castro y sé que no seré bueno contando mi vida, pero la verdad es que estoy harto de seguir igual, toda la vida igual y quiero que la cosa cambie. Si fuera posible que por el periódico me dieran trabajo, hasta el celular de un amigo publiqué y de seguro al final de contar mi historia les voy a dar mi número, como ya lo intenté en alguna ocasión… Ahora me conocerán algo, pero lo principal es que no tengo trabajo y eso explica muchas cosas ¿no?

 

Primero quisiera que conozcan a mi madre: Enriqueta Castro. Ella me tuvo a mi y nada más. Gracias a Dios por eso porque de lo contrario la pasaríamos peor. Vivimos los dos aquí en el sector D de Deán Valdivia en Cayma Enace, donde hace ya cuatro años nos vinimos a vivir. Le cuidamos la casa a un señor que tiene su mansión allá por Yanahuara. De alguna manera el tener un lugar para descansar debería facilitar las cosas, pero en nuestro caso no es así.  

 

Desde niño trabajé, pero nunca duré demasiado en una labor. Que si trabajaba en una combi, que el dinero no alcanzaba para pagarme; que si me metí de albañil, que el patrón no quería pagarme completo; que si me fui a la frontera para traer contrabando, que la Policía me detuvo y me quitaron mi capital. La cosa es que me va recontra mal en estos años y no sé a quién culpar al final.

 

Nunca estudié. Mi madre necesitaba que trabajara para que nos mantuviéramos los dos y no nos alanzaba ni con esas. Pero no soy el único en esa situación, a mí alrededor veo diariamente a profesores hacerla de taxistas, a tombos como ladrones y a madres prostituirse. En mi caso no tengo trabajo porque no existe una oportunidad para mí, pero no entiendo en sus casos ¿no se supone que ellos deberían tenerla más fácil porque estudiaron?

 

Enagañados

 

A muchos de ellos (y mi mismo da pena decir), nos engañaron de distintas formas con promesas de trabajo. Por ejemplo, para sacarnos provecho se nos busca por el periódico. Todas las mañanas en el parque Duamhel se ubican patas que te venden las copias de los avisos económicos de los diarios, para que te leas las ofertas de trabajo, de esta manera te ahorras comprar un solo periódico y por solo 20 céntimos tienes de Correo, de El Pueblo, del NOTICIAS y así por el estilo. Allí siempre aparece dos clases de avisos: los de la “empresa emprendedora necesita jóvenes emprendedores que quieran ocupara plazas emprendedoras de alta gerencia en el área de promociones al público”, es decir vendedores de puerta en puerta. Con esta forma a los promotores les interesa un pepino cuanto camines con tal que cumplas las cuotas.

 

El otro tipo es el de: “oportunidad única de negocio (no service) gane dinero en su medio tiempo, sea su propio jefe”, es decir que tiene que comprar productos que venderás a tus papas a tus amigos y a tu enamorada. De este tipo abundan y veo que muchos van por los centros de promoción, pero no todos logran salir adelante y siguen en la ruleta de buscar trabajo cada mañana, en su mayoría son jóvenes.

 

Yo ya pasé por eso. También por lo de las services. Al principio, ilusionado, pagaba mis reglamentarios cinco soles para que me tomaran en el empleo de “cuidante nocturno con sueldo de 400 soles”. Nunca me llamaban y mis cinco soles al agua por siempre, y si reclamas tienes que pagar otros cinco soles ¿que conchudos no?

 

¡Ah! después me metí a eso de las empresas que te piden currículum!, o esas otras que te convocan con ropa a la tela y esas cosas. Pero ya estoy curado y no creo ya en nadie. Ahora sale eso de los viajes al extranjero y pienso que es otra trafa ¡es tanta mi amargura! Y es que las veces que si resultó ser cierta la convocatoria, el hecho de no tener estudios universitarios o técnicos va en mi contra, por supuesto ni hablar de mi cara serrana.

 

Para estudiar se necesita plata y con mi trabajos de medio tiempo no pude pagarme la pensión. Ahora ya estoy mayorcito para andarme con esas cosas, pero si ustedes que me lee lo son, estudien harto y lo que puedan, que en los trabajos te piden de cada cosa, que si estudiaste computación, que si eres maestro o master no me acuerdo, que el inglés más, que otros grados, así que a estudiar, es lo único que puedo aconsejar ya a mi edad.

 

Respirar y vivir

 

Hace tiempo trabaje en una comercial, pero me sacaron porque casi cumplí el año y debían pagarme más por ley. De otra empresa me sacaron igual porque me tenían que contratar si estaba un mes más. En otras partes me engañaron pagándome un mes primero puntual, después medio mes y se retrasaron, después ya me debían dos meses y después por fuerza me tuve que ir nomás caballeros.

 

Después de tantos años al parecer no aprendo, porque igual sigo saliendo a las calles a buscar empleo, y veo en las esquinas a jóvenes buscándolo incansablemente, como si fuera un premio. ¡UN PREMIO!. No creo que deba ser así. Si es que alguien tiene la culpa que me lo digan, si es mía la acepto, pero que no me engañen más, que no me pidan plata para trabajar en una obra, que no me menosprecien por mi ropa usada y comprada en el Baratillo, que no me denigren por mi edad y que me respeten porque yo les respeto. ¿Acaso con ser peruano no se supone que debo tener derechos?, a una vida digna, a trabajo, a educación, pero nadie me enseñó, nadie se preocupó en decirme cuales eran esos derechos, ahora ya no los puedo utilizar porque estoy viejo y no quiero que le pase lo mismo a otros, por eso estudien, pero estudien bien pues, algo que les guste y que sean capaces de aprender bien, porque hay una selva halla afuera, es un infierno de oportunidades y aquel que tenga una buena arma vencer. De repente para mi ya no hay solución y siempre seré un desempleado, pero de repente para ti no, busca tu oportunidad es lo único que puedo aconsejarte… ¡ahhhhhhhh! Como ven soy de todo y para todo, ¿legal eh?, así que si sabes de alguna chambita llama pues al 054-959770004, que de seguro te cumplo a la firme ¿ya?.   

“No sabemos Amar” – El Gran Silencio

Los deseos contrarios

Te desespera pensar siempre en negativo... pero siempre habrá álguien con peor suerte que tu...

Te desespera pensar siempre en negativo... pero siempre habrá álguien con peor suerte que tu...

Eran 5 horas. Eran ya 5 agotantes horas las que llevaba Julio esperando que el cirujano saliera de la sala de operaciones donde Clara, su esposa, estaba desnuda y tendida a sus 49 años siendo operada. Estaba allí, en esa banca de madera en espera que extirpen con éxito el tumor maligno que creció dentro del exiguo pecho de su mujer.

 

 

 

 

 

El café de su vaso se acabó hace buen rato. Lo peor del caso era que ahora se le atragantaba el nerviosismo en la garganta por no saber nada de lo que pasaba en ese cuarto con la lucecita roja prendida. Por momentos, el pasillo de azulejos blanco y pintura verde crecía ante sus ojos, ahogándolo. Realmente la estaba pasando mal, pero no se atrevió a ir por agua, prefirió quedarse quieto y sin pensar. Porque si de algo estaba completamente seguro era que si pensaba -¡Cualquier cosa que pensara!- lo opuesto iba a resultar… ¡Maldita la mala hora de mis deseos!, se dijo.

 

Porque para él eso era una verdad indisoluble de su vida. Recordó ahí mismo sentado que, cuando niño, él: Julio Palacios Cusihuamán, osó desear para su octava Navidad un juego de trenes. Y, como los niños tienen la imaginación tan viva, soñó despierto a su padre sorprendiéndolo con la inmensa caja del juguete, que su madre lo abrazaba llorosa de alegría, que armaban los rieles, los campos, los puentes y señales; que se divertían toda la noche con el chu chu intermitente hasta que la mañana los encontraba unidos y despiertos.

 

No le dieron nada. Nada de chocolate navideño y nada de Navidad, Navidad blanca Navidad. Al contrario, le dieron una paliza de padre y señor mío por romper un jarrón mientras caminaba distraído por la sala soñando con el color de su juguete. Después, el castigo marcial hasta el otro día y si hubo regalo éste desapareció.

 

Claro que pasó otras festividades y, en ellas, los regalos se le dieron, pero nunca un tren rojo, y esto a pesar de sus indirectas y directas insinuaciones como que “Pepito Iturriaga tiene un tren hermoso ­ayy quién como él…­”. Nunca recibió una respuesta.

 

Derrota tras derrota

 

Recordó también que intentó ingresar a la universidad cuando joven, y se pasó la noche anterior al examen vislumbrándose pelado y asistiendo a su primera clase, contestando brillantemente al catedrático de turno en su primera intervención. No ingresó, por supuesto, y su puntaje fue terrible. La condena paternal de no volver a sustentar otro ingreso, lo volcó a estudiar Mecánica en un instituto de mala muerte en el cual paradójicamente terminó primero. Deseo que nunca formulara.

 

Pero ahora estaba allí, solo y sin padres, ni familia ni nada, porque se quedaron solos: él y su esposa, desde que se casaron contra todos los intentos familiares de negativa.

 

Así también evocó que jamás deseó embarazar a su novia y pasó. Nunca pensó que su hijo muriera a los 15 años sin dejar hermanos cuando salió de viaje de promoción. La sensación de opresión en el pecho le volvió de pronto, como cuando se pasó el día anterior al viaje de su vástago escuchando noticias de volcaduras. Sus oraciones para que su hijo regrese entero no lo calmaban, trató de imaginarlo sano y alegre y -¡qué diablos!-: borracho con sus compañeros. Pero vivo y alegre… No pasó. El funeral fue hermoso como él no lo deseó. La música sacra y las oraciones del sacerdote llenaron los corazones de todos, dándoles paz ante lo irremediable, hasta su esposa levantó ánimo y se enfrentó al mundo sin el hijo, cosa que él no logró. “­Toda mi puta fue así, desgracia tras desgracia todo por desear cosas buenas… ¡Mierda!…­”, agachó la cabeza y lloró.

 

Y era la primera vez que lo hacía así, como niño. No había llorado cuando los policías le comunicaron que estaban buscando los restos de su hijo porque se hallaban diseminados por todas partes en el lugar del accidente. No resbaló ni una lágrima por su mejilla cuando, con su esposa agarrada desesperadamente de sus manos, el cirujano les comunicó que tenía que operarla del tumor que la estaba matando. No lloró cuando, con la esperanza destrozada de conseguir el dinero para imaginarla sana y libre de esa cosa, todos sus familiares le negaron el dinero, aduciendo las excusas más inverosímiles y dejando en su corazón un odio terrible.  Allí mismo, frente a la última puerta cerrada en sus narices, imaginó no poder conseguir el monto para la operación y, por un leve instante, pensó en la muerte de su esposa. Esto fue como un conjuro porque caminando se encontró con José Iturraga, su compañero de primaria, dueño de una gran fortuna y familia feliz. El amigo de la infancia escuchó la triste parodia de la vida de Julio. Conmovido, le obligó a aceptar un cheque por el monto completo para la operación. Es más, al despedirse ni siquiera aceptó que se lo fuera a buscar para la devolución del dinero… Así era ¿no?, siempre que deseaba algo lo contrario pasaba, concluyó después de examinar ese hecho en su mente.

 

Transformación

 

Dejó de llorar. Ya sabía lo que tenía que hacer. Eliminó el miedo a pensarlo e hizo lo que tenía que hacer. Primero, imaginó la sala de operación, los doctores, las enfermeras. Reconstruyó en su mente los instrumentos en las mesitas rodantes y el cuerpo de su esposa en la camilla de operación. Percibió verla ya seccionada en la parte alta del pecho, imaginó la sangre goteando y la mano diestra del doctor buscando el maldito tumor ramificado hasta lo imposible. Allí tomó aire y escuchó claramente las palabras de susto, las voces urgiendo más gasas, ¡desfibrilador!, ¡no sé qué pasa doctor!, cierre esa vena que se nos va, ¡carga!, aléjense uno dos tres, carga rápido!!!!! y el sonido del tu tu tu hasta convertirse en un tuuuuuuuuu continuo y asfixiante.

 

Se vio recibiendo la noticia, derrumbándose con alaridos de dolor. Se distinguió solo en el cementerio, recordando lo infelices que fueron pero que, así y todo, se llegaron a amar sin desearlo. Porque Clara era todo para él: su casa, su comida, su carne, su compañía, su amiga, su consuelo… Allí se perdió. Se sintió despedido por faltarse al trabajo días por beber sus recuerdos con alcohol. Se convirtió en un guiñapo desolado y tirado en la vereda de una calle sin fecha antes de pronunciar dos nombres y morir cual perro sin hogar.

 

­Por Dios, que suceda, que pase­ musitó antes de que una negrura lo invadiera y quedara inconsciente en el sillón del hospital.

 

Una voz lo despertó. ¡Era el bendito cirujano!, y él sabía la noticia que le iba a dar y estaba tranquilo, el conjuro estaba hecho según él y, en un segundo, en un instante, se imaginó a su esposa sonriente en la cama de convalecencia… Horrorizado por este pensamiento empezó a gritar profundamente. Mientras el galeno sorprendido se disculpaba “­Lo siento, hicimos lo que pudimos pero no pudimos salvarla y…­”, pero Julio ya no escuchaba nada.

The Man Who Sold The World – Nirvana

Ilaco del cielo

Ilaco del cielo, Ilaco con rabia, Ilaco que muere, Ilaco que muerde y defiende lo que ama...

Ilaco del cielo, Ilaco con rabia, Ilaco que muere, Ilaco que muerde y defiende lo que ama...

La simpleza en la vida de un perro, es proporcional con el grado de dificultad de la existencia de su amo. Esta perruna vida se puede agravar con la degradación del dueño, dicho de otra forma: que el amo se vuelva drogadicto.

 

Y eso le pasó a Ilaco. Las circunstancias de la vida que llevó este perro se rigen por su amor fiel y la desidia progresiva de su amo Jorge. El cual, siendo traído a esta ciudad de impersonales voces junto a su hermano mayor, fue acomodado en un colegio nacional de marca callejera. Su hermano ingresó a una carrera de solvencia dudable en una Universidad triste de edificios viejos. Pero, después de tratar de convivir cada uno en su soledad, los dos, hermanos solamente en las cartas de sus padres, se alejaron anímicamente. Jorge, para cubrir esta carencia se consiguió un perrito, de raza indefinida pero muy cariñosito el cachorro. Describir el rostro de rasgos más que humanos del can será de índole celestial, más bien, cabe mencionar el cariño excesivo hacia su amo, que es de memorable recuerdo, sólo recuerdo…

 

CAMINO AL MAL

 

Realmente la vida fue bondadosa con Ilaco en esos primeros meses. Comía del mismo plato que su amo, bueno casi, pero que Jorge le daba el mismo alimento que él consumía era cierto. Ilaco: perro de la universal mutación causada por la soledad del hombre errante, antiguo cazador que requirió su compañía al lado del fuego. Ilaco del cielo. Ilaco del camino que conduce el amor fidedigno a tu dueño, hacia desfogues jugueteros y correrías de plazas y parques. Ilaco de fe sin limites hacia el mundo humano, nunca conoció (antes del vicio), el desprecio ni el dolor. Él vio con ternura el paso de su amo por los caminos del estudio, del adolescente ingenuo, del amor temprano, hasta del pequeño mundo creado en donde él era compañero del más audaz y ricamente dotado Jorge, que nunca, nunca sufría de amor en todas las aventuras maravillosas que vivían en ese lugar de la imaginación.

 

El hermano erudito terminaba su carrera a velocidad de necesidad monetaria. Lo logró al final de un día terrorífico, en el que la despedida sería inmediata, viajaba a Lima, a ser otro, a olvidarse de su origen, a olvidar padres y hermano contento de puro orgullo. Lo olvidó todo.

Así, Jorge, entendiendo la verdad de la lejanía, se ahuecó el alma y por ella dejó el mundo y se sumergió en uno de sentidos aumentados, se metió en drogas, de las que se fuman, de la especie de la Canabis Sativa, marihuana…

 

Él no se percataba de su cambió. El dinero todavía llegaba con moderación de sus padres, anclados en ese pueblo demasiado serrano para que lo visiten. Ese dinerito sacrificado, no le alcanzaría por tiempo indefinido, dado el aumento progresivo de las dosis consumidas. Pago pato entonces la comida de Ilaco en primer término, los estudios medio acabados, los artefactos duramente ahorrados y al final el alimento para el cuerpo del muchacho. Jorge tuvo entonces, para cubrir gastos, que conseguirse un trabajo mal pagado y de índole nocturno: trabajaba limpiando un burdel por las mañanas. Luego del trabajo, durante la noche, el humo del Ganges lo envolvía llevándolo a lugares donde él era el rey, amo y al final esclavo.

 

Ilaco corrió por el mundo limitado de su fidelidad, al no tener comida hogareña, aprendió el arte del reciclaje callejero. Andaba desde la mañana junto con su amo a su trabajo, luego desaparecía su cuerpo moteado y peliduro, por las venturosas torrenteras y demás basureros que de una parte a este tiempo proliferan en la ciudad antes blanquísima. Contento regresaba al golpe de la tarde y sin rencores alimenticios esperaba en la puerta del cuarto la llegada de su amo. Por más que la libertad gratuita le incitaba al alejamiento perpetuo, el fiel recuerdo de su juventud pasada con Jorge lo ataba fuertemente a ese esperpento.

Y es que era de lástima sincera el fondo alcanzado por Jorge, terrible en sus depresiones se olvidó de su vida y solamente existía ya para el trabajo agotador y para el viaje irreal de su verdad. Ilaco siempre lo recibía con lambidas de gozo y nunca lo molestaba mientras con los ojos rojizos y vidriosos, Jorge babeaba laxitud y pereza.

 

EL CONTAGIO

 

En una de sus andanzas mañaneras, Ilaco entro en la visión de otro perro pero, éste tenía la mirada de perdición mortal. Babeaba como si tuviera sed, pero el agua cristalina no calmaba la grandísima cólera que lo llenaba, y, al ver a Ilaco: ingenuo y flaco, lo atacó. Ilaco recibió la dentellada con estoicismo y sin casi respirar, lo esquivó al segundo ataque y… corrió ¡Qué le quedaba! La diferencia estaba clara. Al llegar a casa, Jorge por primera vez en meses, se preocupó de su perro y lo curó con amor, con sus ojos por una época no sanguinolentos. Después como todo buen pichanguero, volvió a las perdidas madrugadas. Lástima de perro, a Ilaco le quedó a esperar su destino.

 

Ya tenía el síntoma en su organismo. Lo manchaba bucalmente, delatándolo. Él notó los cambios con terror, ya no controlaba su cuerpo, la ira estaba en todas sus actitudes y lo desconcertaba. Mas, al llegar a casa, reprimía estas nuevas actitudes. La fidelidad actuaba como sedante para con Jorge. No lo atacaba como lo hizo con casi todos su compañeros de carroña, al contrario, se volvió cariñosísimo con él. Su poca lucidez le indicaba el final de sus días y los pensaba disfrutar con ese remedo de única familia.

 

EL COSTO DEL VICIO

 

Jorge, en su adicción, había contraído una deuda con su proveedor de droga. Un sujeto de mala calaña, de ojos de rata. Raro era que Jorge al verlo sintiera alegría, el rostro era detestable, ¡Indescriptible!, Y lo fue mucho más un día en que llegó a la casa de Jorge con toda su fetidez maleada. Irrumpiendo salvajemente en el cuarto apenas se abrió la puerta, exigió el pago completo de los pases acumulados por el joven. Este, al no tener nada ¡Nada! solo atinó a moverse rebuscando por la habitación poniendo nervioso al ave de carroña que, sin dejar de preguntar sobre su dinero, se paseaba rápidamente por un semicírculo en el suelo de tierra del cuarto. Llegando a desesperarse, el proveedor en un arranque de ira se abalanzó sobre Jorge con su herramienta de cobro (cuchillo), y se lo insertó en medio del pecho adicto y confuso de Jorge, desgarrando hacia abajo una vez ya iniciado el asunto en cuestión que era matarlo.

 

Ilaco llegaba alarmado por los tonos grandilocuentes de la discusión, llegó a la muerte terrena de su amo, familia mal venida, adoración fidedigna, su amor de carajos efímeros, de caricias a medio facturar; Nada mas necesitó para lanzarse en un ataque suicida contra el agresor de su dueño y clavándole los dientes en diferentes partes carnosas, dejó su rastro enfermizo en la sangre del asesino. Por la pena impuesta a esta narración diré que una patada certera se alojó en las costillas y pulmones ya de por si destrozados de Ilaco, supeditándolo a una muerte lenta.

Conclusión previsible, es que el vil se alejó y, como ya es costumbre en este barrio, nadie vio nada… ni yo tampoco, da vergüenza decir. El vil pensó con su ignorancia: “¿Y si tenía rabia el perro?, ummmhhh no creo muerto el perro, muerta la rabia”, y se olvidó de su acto. Ilaco descansó sus recuerdos en el pecho frío de su amo y expiró.

 

Yo los encontré así y reconstruí la historia con la escena que presencié. Ilaco fue hasta el fin fiel y tranquilo para con su amo, su venganza fue hecha y luego comprobada con los meses y reportes periodísticos, cuando al delincuente ese lo encerraron en la cárcel y murió de Rabia. Pero lo que siento, es no haber ayudado a Jorge y a Ilaco. Lo siento en mi alma cobarde y le dedico estas líneas a su fidelidad eterna.

 

 

DE VEZ EN CUANDO CHICHARRÓN DE A SOL

Somos pasajeros en la vida y muchas veces no sabemos a donde vamos...

 

 

Eu sou o passageiro

Eu rodo sem parar

Eu rodo pelos subúrbios escuros

Eu vejo estrelas saindo no céu

É o claro e o vazio do céu

Mas essa noite tudo soa tão bem

O Passageiro-Capital Inicial

 

Son las cinco de la mañana y Javier tiene que irse a trabajar. Con ternura veo como se alista en silencio para no despertar a los chicos. Claramente recuerdo que hace dos años prometimos que buscaría un trabajo en la ciudad, pero la situación no mejora y él tiene que seguir viajando las cuatro horas que demora el bus Del Carpio para llegar a Aplao.

Algunas veces lo he acompañado en la mañana al Terminal en la Avelino Cáceres. Allí, los carros salen rapidito y cada quince minutos. Se llenan y se van, se llenan y se van. A mi me da miedo eso que apenas desembarcan se vuelven a ir, sin que se revisen los motores o se limpien siquiera los pasillos, pero en fin.

 

Javier me cuenta que tomar el carro a las afueras del los terminales terrestres, es más barato para los que, como él, trabajan fuera de Arequipa. La empresa que los lleva juega a doble moral al tener su puesto en el Terrapuerto y embarcar gente afuera, pero parece que la costumbre ha ganado a todos, a los policías, a las autoridades, porque siguen subiéndose los pasajeros en cualquier parte del camino. Así y todo Javier tiene que irse a trabajar y como todos, busca que sea lo más barato posible.

 

Él me cuenta que en el viaje se duerme para recuperar fuerza, pero es un sueño ligero e incómodo por los asientos viejos. Una vez le tocó un carro reformado de camión nuevo y pudo aprovechar la comodidad de los asientos, pero para la semana siguiente ya estaban malogrados. Dice que nadie cuida de las cosas de los demás, todos los pasajeros son extraños entre ellos a pesar que se ven a diario.

 

A veces me cuenta que lo de dormir se le interrumpe porque ponen películas en los dos televisores del bus. Las películas son estrenos del cine, ya que utilizan el DVD y compran CD´s piratas, antes utilizaban el VHS, pero ahora se han modernizado los dueños y hasta música en Mp3 colocan. Para mi marido es un suplicio ya que quiere descansar, pero otros se ponen a ver hasta que termina la película y se coloca la música.

Yo no he salido mucho de la ciudad pero mi marido me cuenta que el trayecto se le ha vuelto monótono. Por ejemplo ya no le sorprende la forma como cavaron el túnel de Vítor, o como crecen las irrigaciones y las plantaciones a lo largo de la Panamericana. Lo que le sorprende es la cantidad de gente que viaja a Majes, a Corire, o a El Pedregal y que son profesionales. En el bus dice que conoce abogados, enfermeras, doctores, maestros, ingenieros, hasta dentistas y programadores de computación; todos viajando a las nuevas ciudades donde el comercio crece cada día.

 

Javier es administrador de una plantación de arroz en Aplao en la zona de Sarcas, allí tienen a su cuidado las 10 hectáreas que el dueño le encarga para que controle. Su trabajo no es difícil, ya que con la práctica a aprendido a manejar a la peonada, tanto así que le queda tiempo para hacer sus otros cachuelos como contador. Pero cuando llega la época de la cosecha la cosa se le vuelve color de hormiga: las cuentas, el transporte para el molino, la compra de sacos y todo tiene que estar en regla para que la Sunat no les caiga con todo. Todo eso hace que pase semanas malhumorado y hasta algo agresivo. Recuerdo que nuestras más fuertes peleas han ocurrido porque no volvió a casa durante días por quedarse allá. Yo comprendo que es su trabajo pero la preocupación de que algo le haya pasado me mata.

 

De jóvenes pensamos que con su sueldo de Contador Colegiado, podíamos mantener a nuestra familia, pero el tiempo nos demostró que yo también tendría que trabajar. Así que tengo mi puesto de venta de abarrotes en el mercado municipal de mi barrio. Allí saco para el diario, para los pasajes de nuestros dos chicos y para otras cosas. Javier de allá trae yogur y fruta que es lo más barato. Cuando tuvo un buen día, el fin de semana comemos camarones.

 

Ayer me confesó Javier que tiene un vicio secreto: el chicharrón. Casi me muero de risa cuando me contó que de vez en cuando se compra una bolsita de chicharrón de a sol. Pero después me pregunté si lo hacia por que no le daba buen desayuno, pero me explicó que es un antojo ocasional. También se animó y me contó que a veces le invitan unas cervezas y que se toma hasta unas cuantas y luego duerme el camino de regreso, de manera que yo no lo descubro. Me aseguró que sólo es por compromiso y para no desairar a sus jefes o compañeros. No lo entiendo pero el sabe por qué lo hace, aunque eso no signifique que no tenga mayor cuidado en sentirlo cuando llega pasadas las nueve de la noche para mandarle una requintada si le siento el olor a trago ¡que se habrá creído!.

 

Así y todas su ganas de trabajar, me da pena verlo cansado y resignado a su suerte. Los chicos crecen sin verlo y en las tardes tengo que ayudarles con las tareas. También soy la mala de la película porque, cuando él tiene un fin de semana libre, los engríe y contradice mis castigos y órdenes. Eso me recuerda que mi familia dice que tiene otra mujer allá y que por eso le gusta estar tanto tiempo en la chacra. Me tengo que reír a fuerzas nomás. Pero a veces me entran dudas, y después lo veo tan atareado y cuando lo llamo está trabajando, que me pregunto con que cuerpo podría sacarme la vuelta, pero la gente a veces habla sonseras.    

 

Javier, con todo, siempre está pensando en ahorrar. En los viajes ha aprendido como sacarle la vuelta al cobrador, a veces se hace el dormido y paga como si se hubiera embarcado en Siguas, otras dice que va a Corire y cuando pasa el que revisa le entrega la mitad del talonario para ahorrarse cincuenta céntimos. A veces parece poco, pero son 15 soles que después sirven para comprarles láminas escolares a los chicos o para sacarlos un fin de semana a comer a la calle.

 

Así es su vida y la de los demás que diariamente salen de madrugada para llegar de noche a esta ciudad, de la cual son inquilinos de prestado. A mi me queda la esperanza que mi esposo consiga un trabajo aquí en la ciudad para que no se pierda como crecen sus hijos y como envejezco yo misma.

 

 

 

“¿CUANDO DEJAS A ESE ABUSIVO?”

¿Porqué permites que ese desgraciado te maltrate?

¿Porqué permites que ese desgraciado te maltrate?

 

De verdad… ¿no sé como empezó?, creo que no tenía ganas de comer y fingí que la carne estaba pasada y la ensalada, como siempre, no tenía limón... debería acostumbrarme, pero no estaba bien, ya sabes: el cansancio me ganó. Además él ya vino con ganas de pelear, vino a traer sus problemas, sus crisis, sus dolores, y los trató de refugiar conmigo. Te soy sincera, antes eso me encantaba, me hacia sentir importante en su vida, ahora me asfixia, “soy una mujer no un estropajo” siempre me repito eso, “no soy una pared donde se pueda estrellar su cólera, NO”, y luego me llora sin lágrimas, me desea y yo a él y… bueno.

 

Dudo y en verdad dudo que él entendiera eso en ese momento, sólo porque gastó dos cincuenta en mi menú, y después: “que no era fácil conseguir dinero y que acaso no pienso en mis hermanos en mi pueblo, que ni siquiera prueban carne en meses como yo, y que su madre, SU MADRE, trabajando 12 horas al día en ese pueblo tan lejano de él y de tan puro aire, debería irme ahí para respirar en paz un momento…” lo sé: divago, pero es que esa no es la manera de reclamar, que sabe él de ser mujer y todavía provinciana y peor: sobrina de caridad ajena.

 

Él no sabe de mis cambios de temperatura, de esos dolores que vuelven cada mes y que me vuelven loca, porque él no los sentirá pero yo sí, y me siento sucia y malhumorada. Y yo me tengo que estar bañando a cada rato por él, por él que no se afeita continuo y no entiende que irrita la piel de mi cara con su barba, pero ¿Lo intenta?, ¡NO!, Se juega su fútbol, se gasta treinta, cincuenta soles en sus amigos, ¡Y se queja de dosincuenta!. Y mi hermana que “¿Cuando vas a terminar con ese abusivo?, porque es un borracho y te puede pegar”, ay, ay  si supiera que yo lo golpeé primero, eso paso después de comer.

 

Al salir me estuve arrepintiendo de no haber comido, pero ni siquiera se calló: “que si me sentía feliz por lo que había hecho”, “si así decía que lo amaba”, y yo gritando en mi corazón, con mis ojos: sí idiota, ¡Sí te amo! ¿No ves que no te respondo para ya no pelear más?, Y él dale con que si no lo amo, y yo “ja, ja” cuando mencionó el ahorro… estalló: de que te ríes, te parece bonito ¿Ah?, Yo te hablo y tu te ríes ¿no?, Eres una (…) y no entiendes nada, ¡Nunca haces nada por la relación!, Se atrevió a decir eso ¿Puedes creerlo?, Sí pues: “¡Yo!” Empecé la pelea “no bastara -dije- hasta que me veas llorar, ¿y ni así te sentirás contento?”. Él tronó y me jaló mientras decía: “ahora si ya me hartaste, te ríes ¿No? Que crees, que riendo no se van a dar cuenta que estamos peleando”, SÍ, tienes razón idiota, nos ven, con lo que te gusta hacer el papelón,  hue… disculpa pero así pensé y si no lo dije en voz alta fue por el miedo a que me pegue en la calle.

 

YA EN CAMINO

 

Pero me pegó después como te sigo contando (este jugo nos va a caer a pelo a los dos ¿o a las dos ummmhh?, Vas a ver) y me jaloneó ¡! Más todavía, y me llevó al parque enfrente de la “U“, ¡Cuantas veces me contó que se emborrachó allí!, Cuantas más me contó que venía con sus amigos de pera y chicas del Arequipa a jugar botella borracha. Sí, cuantas veces me retrato la manera en que se besaban, y ahora me llevaba a mí, dizque su amor, “su novia”, me llevaba a pelear y después trataría de amistar las cosas, pero yo ya no estaba de humor; claro que lo entendía: estaba con deudas y hasta le dolía la muela al pobre, pero trataba de entenderlo y… lo sé, me estoy disculpando, tú lo sabes ¿No?, Pero no es mi culpa.

 

Él, después de gritarme, apretarme el brazo y tratar de besarme a la mala con ese aliento caliente que tiene cuando se enoja (y tú ya debes saber que me molesta) me dijo que: “que quieres en verdad”, yo “terminemos“, y él con su conocido: “ya pues”, hizo el intento de irse, y como siempre (siempre amor, siempre lo haces ¿No?), Se volvió a los tres pasos y regresó, ¡Pero me sorprendió esta vez!, Me cogió de nuevo el brazo y me jaló hasta la avenida, entonces para un taxi y me dejó pasmada, dijo: “hasta el grifo Monterrey, sí en la Estados Unidos, una cuadra más abajo ¿Sí?, dos china… ¡ya!”, Y yo por dentro: “Tu cena, tonto”, y ya dentro del carro no me duró la paz: “maestro, mejor a Miraflores, al Parque Mayta Capac”. No dije nada, me confundió, aunque esperaba que por primera vez me dejara en mi casa y se fuera, pero no, tenía que terminar la pelea en su cuarto tú sabes.

 

Al llegar fue a la farmacia por su pastilla para su muela, al regresar me alentó a irme, le dije “ya pero no me sigues”, ya sé, era imposible. Y dicho pues me llevó a su cuarto, no conoces por ahora ese cuarto, con su olor a hombre recién destetado, con su hurón disecado mirándome con risa y el dibujo de mi cuerpo desnudo en la pared. Mi cuerpo y su cuarto… encajan como su boca en la mía, y pensar que en ese cuarto me hizo mujer, pero ya no siento si soy su mujer o su objeto. Pero esta vez no trataría de seducirme, sino que empezó a gritar que ya no lo quiero, y yo tratándome de ir, y luego él jalándome, diciéndome, pidiéndome tiempo y yo llorando ¡Solamente quería irme!, Me dijo que además yo sabia que no nos podíamos separar, que éramos UNO, amor porque me haces sufrir, CONTESTA… si amor, no podemos estar lejos, pero ahora tampoco cerca ya.

 

La verdad es que debí decirle que ya me aburrí de sus problemas, y que lo amo pero no doy para tanto, pero no fue necesario, me sacudió más fuerte y no aguanté: le di el manazo justo en el lado de la muela careada, me miró con una cara de cojudo única y luego me pegó un cachetadón tal que pensé en ti, pero te juro que es la primera y última vez, después él se derrumbó, suplicó, lloró y consiguió un leve perdón, un perdón mentiroso y de pena, sin ganas ya de ser verdad, un perdón triste, es que ya se pasaba la hora y no podía llegar más tarde a mi casa, se despidió con promesas de redención, me ama y yo lo sé.

 

LA ESPERANZA

 

En el carro pasaron, por mis ojos y labios, todos los cuatro años de andar de enamorados, las tres sacadas de vuelta por parte de él y una mía, las llamadas de borracho a media noche, las plantadas, ¡Y hasta el anillo que nunca me compró!, Y… el aborto, sí, lo sé: nunca me lo perdonaras, pero espero que jamás te lo repita de esta forma, si lo entendieras… ¡No! Eso fue imperdonable, pero ya no volveré a cometer mas errores, ¡Te lo juro!, Y voy a empezar por no volver a ver a tú padre, así me duela, y después se lo diré mis tías, pero por ahora vamos a preparar un puré de papas, porque no sé, pero me he antojado de mezclarlo con espinacas… sí ya sé: es sugestión mía… ¡Y que!, estoy embarazada y voy a ser tú madre y debo estar fuerte para todo lo que vendrá por los dos, o por las dos, ¡Así qué a preparar la comida se ha dicho!.

 

 

Un Ladrillazo

Un ladrillo puede cambiar tu vida... depende como lo recibas
Un ladrillo puede cambiar tu vida… depende como lo recibas

(Adaptación de un e-mail-cadena)

En el rumor de la noche, en el espacio entre el sueño y la vigilia, la mano del conductor está firme. Ha luchado muchos años por ahorrar dinero para comprar este auto, es un maravilloso Audi, color perla metálico, brillante. La noche que inicia, una vez más, es un espacio abierto para que la imaginación se explaye, mas Rubén sabe que tiene que manejar con cuidado, las calles son peligrosas y él no quiere que le dañen el carro de sus sueños cumplidos.

 

Pamito conduce en otra parte de la ciudad otro tipo de vehículo. La silla de ruedas de su hermano es muy grande para él, lo sabe, pero no le incomoda mucho, a sus diez años ha aprendido a realizar la tarea de niñero de Jonchito: su hermano mayor que sufre de retardo mental grave. Los médicos hablan de autismo profundo. ¿Qué es eso y con qué se come?, se pregunta el niño. No importa, lo que ahora le preocupa es que llegarán tarde a su casita, luego de vender caramelos en la esquina de esa avenida de todos los días.

 

El Audi está también retrasado. Su conductor, ese joven de suaves manos que maneja diestramente, lo ha adquirido a precio de villano. El sistema que contiene el vehículo es espectacular: air bags, detección electrónica de fallas, freno de emergencia anti impacto, cambios mecánicos suaves… un lujo. Las llantas se deslizan suavemente pese a que las calles andan con huecos y baches. Las curvas son tomadas con pericia, hombre y máquina se entienden, como si el destino de Rubén fuera desde siempre poseer ese carro, tenerlo y disfrutarlo. Es su primer día juntos y las aventuras que recorrerán se vislumbran como épicas.

 

Rubén es un joven y exitoso ejecutivo que llegó donde está a puro punche. De niño le decían “cholo”, eso marca el alma, en especial en un país donde todos tienen sangre andina. Con el tiempo aprendió que la “choleada” no era de gratis, se debía principalmente a ese sentimiento de inferioridad de los demás, que quieren resaltar entre todos aunque sea por el color de la piel. Fue una lección milagrosa que le motivó a destacar por el estudio, sin importar las veces que lo trataran de bajar con insultos, apelativos o rechazos amorosos.

 

Lastimosamente, en el camino se olvidó de varias cosas, entre ellas su familia. Cuando llegó a una ciudad mediana a estudiar en la universidad, su hermano menor fue un estorbo siempre permanente, porque no estudiaba y prefería jugar en vez de escucharlo en sus teorías de crecimiento económico y más vainas. Eran lecciones que a un chico de 14 años no interesaban demasiado. Por eso, cuando se graduó, le prometió tratar de llevarlo a esa ciudad de edificios grandes, con el tiempo la promesa se diluyó en el intrincado horario que tenía en la gran empresa donde trabajaba. A veces, como un paliativo para su conciencia, imaginaba que en temporada de vacaciones volvería a esa ciudad a ver qué fue de su hermano. “Los años pasan Rubén”, le decía su conciencia constantemente, pero los horarios, las amigas, los amigotes o el trabajo la acallaban…

 

Para Pamito, su hermano Jonchito era casi todo. Su madre paraba enferma y necesitaba de los soles que conseguían ambos en las calles para que sobrevivan diariamente. Eran soles arrancados a la vida de una manera brutal, vendiendo caramelos, limpiando carros, vendiendo videos piratas o agua mineral en los meses de calor. La competencia con otros chiquillos era feroz. Un día hasta le ofrecieron alquilarle a su hermano, porque al parecer “daba más lástima” tener un hermano inválido. Ese día se trompeó hasta que lo separaron de ese chico mayor. No había insultado realmente a su hermano, pero sintió que lo estaban tratando como sólo un objeto, cuando para él era SU HERMANO, porque en su escaso vocabulario no encontraba las palabras para describir mejor sus sentimientos. 

 

Rubén no sabe por qué toma esa calle. De repente, el instinto de tantos años manejando le indica que debe cortar camino y se interna en esa avenida descongestionada y de alta velocidad. Pamito también toma el camino largo por esa avenida, tratando hacerse más fácil el camino empujando la silla de ruedas hacia su casa, cuando en eso sucede lo inevitable. Rubén de repente siente un estruendoso golpe en la puerta derecha de su vehículo. Con pericia, controla su máquina y se detiene a un costado de la avenida. Al bajarse ve que un ladrillo le ha estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto.

 

Se sube lleno de enojo. Da un brusco giro de 180 grados; y regresa a toda velocidad al lugar de donde pudo salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su exótica adquisición. Cuando llega a esa parte, se baja de un brinco del carro y agarra por los brazos a Pamito, empujándolo hacia el auto estacionado le grita a toda voz: “¿Qué mierda hiciste, ahh?, ¿Quién eres tú?, ¿Qué crees que haces con mi auto?”. Y enfurecido continúa gritándole al chiquillo: “¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro!”.

 

Por favor, señor, por favor, lo siento mucho, no sabía qué hacer”, suplica el chiquillo. “Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía, nadie quería parar”... Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba en la vereda a un costado del auto estacionado. “Es mi hermano”, le dijo, “se cayó de la silla de ruedas y se ha golpeado muy fuerte… y yo no puedo levantarlo…”

 

Rubén está impactado, suelta lentamente al niño. Pamito le pregunta anhelante: “¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla?, está golpeado y pesa mucho para mí”. Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, Rubén traga la gruesa bola que se le forma en su garganta. Emocionado por lo que acababa de pasarle, levanta a Jonchito del suelo y lo sienta nuevamente en su silla y saca su pañuelo de seda importada para limpiar un poco las cortaduras y las heridas del hermano de aquel niño.

 

Luego de constatar que se encuentran bien, miró al chiquillo. Pamito le da las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie… “DIOS lo bendiga, señor y muchas gracias”, le dice. “¿Queda muy lejos tu casa?”, pregunta Rubén. Y después sube a los dos a su lujoso Audi. Cuando los deja a pocos metros de la humilde vivienda, Rubén ve cómo se aleja el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta que entran por esa puerta, a su hogar.

 

Ya de camino hacia su propia casa, recuerda el departamento lujoso, pero vacío. Sus almuerzos con mujeres bellas, pero que lo mismo lo dejan solo una vez que lo terminan de amar. Cuando llega a su casa llama por teléfono a esa ciudad de la cual no recuerda mucho y conversa largamente con una voz madura y decidida que perdona, sin decirlo, la ausencia de años…

 

¿Somos ciegos por no creer o por que no queremos ver?

Cuando no vemos es porque ignoramos algo...

Cuando no vemos es porque ignoramos algo...

“En este film velado en blanca noche
el hijo tenaz de tu enemigo
el muy verdugo cena distinguido
una noche de cristal que se hace añicos.
No lo soñé -¡ieee-eeeeh!
(se enderezó y brindó a tu suerte)
y se ofreció mejor que nunca
¡No mires por favor! y no prendas la luz…
La imagen te desfiguró-¡uouo!.
Jijiji-Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota

Ustedes podrán ver lo escrito en esta hoja digital. Pero para mí, sólo será una textura plana que no me dirá nada a menos que se edite en un sistema informático Braille. Me acuerdo que aprendí a leer los puntitos sobresalientes hace más de 10 años en uno de mis viajes por Lima, poco me ha servido valgan verdades, pero saber algo más es bueno. Para un ciego de nacimiento como yo, el conocimiento es algo importante, ya que no veo lo que está a mí alrededor, lo que puedo hacer entonces es cantar…

Un día, allá por mi niñez alguien me escuchó cantar un wayno –Concepción, tu hijo canta relindo- le dijeron a mi madre, y ella -¡que va, no me lo ilusiones a mi falladito!-. Era para matarse de risa cuando en las tardes me acercaba a donde estaba ella, así, calladito y le cantaba una canción. Eran días tranquilos, porque al pueblo me lo conocía como la palma de mi mano y hasta podía jugar a las carreras con otros niños.

Pero no sé, algo siempre me lazaba a caminar más allá de donde terminaba el pueblo, aventurarme por los caminos hacia la ciudad grande. Un día de pronto, me encontré camino a Puno. No sabía que realmente iba a hacer con mi vida, o si existía un destino para mí. En el mismo carro que me llevaba improvisé unas canciones por las cuales me dieron unas monedas. Al ayudante no le cayó en gracia eso de dejarme cantar, pero el chofer al parecer lo apaciguó.

Me da pena recordar, pero apenas caminé un poco por las calles de esa ciudad cuando me robaron lo poco que tenía. No sé si ustedes lo verán de esta misma manera, pero yo sentí una angustia terrible, como si todo se me volviera más negro, como si me hubieran arrancado algo de mí dentro, es horrible la sensación cuando en un momento no ves la solución a tus problemas, y yo sé porque se los digo.

APRENDER A CAMINAR

Pues sí, para caminar por los caminos del Señor sin más ayuda que tu oído es difícil. El bastón retráctil te ayuda, pero es más instinto y sexto sentido. Para cruzar una calle con carros debes estar atento al sonido de las llantas y del motor, para no chocar con personas te debes fijar en su voz, si están calladas y no se hacen a un lado, fijo que te chocas. Hay personas que no se compadecen fácilmente y te hacen a un lado con violencia. ¡Qué de insultos no me he tragado yo!, de todo calibre y forma, en especial los primeros días que me puse a pedir limosna.

Aprendí que nadie te da nada por nada, en mi caso me veían joven y robusto (bueno así me dicen que era antes), así que me mandaban a trabajar o me decían que me estaba haciendo el chueco -me hago el ciego- respondía en broma. Y me termina yendo de esa esquina porque el negocio no andaba. Intenté trabajar en otras labores pero mi incapacidad es absoluta para ciertas cosas.

VIVIRÉ, CANTARÉ…

Mi ceguera es congénita y mi nombre es Miguel Mamani Condori. Mi bisabuelo dicen que era peor porque a él le faltaba una mano, pero así y todo se dio maña para embarazar a 5 mujeres. Yo por mi parte no tengo hijos. No sabría que podría hacer con ellos, creo que me daría tristeza no verlos crecer, por eso no me enamoro, aunque a decir verdad me pasa de vez en cuando, y es que algunas chicas se interesan por mi, porque dicen que canto bonito y esas cosas, y yo les hago bromas y escucho su risa cantarina y me siento fugazmente feliz, pero al irse ninguna me promete regresar o volver a vernos, bueno es un decir.

Para poder pasarla solo hay que tener fuerza de voluntad y con las canciones a mi no me iba mal. En las calles cuando pasaba cantado me decían que lo hacía bien y me recordaban las palabras de esa persona que me halagó cuanto tan chiquito yo era. Así que intenté hacerlo para que me dieran una limosna y ¡resultó!.

La primera vez fue en la Plaza de Armas de Puno, cuando ya no tenía nada que perder porque ya estaba durmiendo en la calle. Me acuerdo que canté una de Manolo Galván sobre un chiquillo que no quiere ir a la escuela. Me dio terror, no escuchaba nada y creí que estaba cantando al vacío. Hasta que una moneda se posó en la palma de mi mano. Después otras más se acomodaron en mi bolsillo y tuve lo suficiente para comer y pagarme una cama en un tugurio.

Las cosas no me iban mal desde entonces. Pero no sé, las ansias de viajar siempre me persiguen y yo les doy gusto. Así pues que aprendí a conocer la fechas de festividades de pueblos y me iba con la gente hasta las ferias y allí me ponía a cantar. A veces me botaban a veces me felicitaban y las más me aplaudían. Aprendí que el aplauso es más gratificante muchas veces que el dinero, a no ser que sea un plato de comida caliente y casera, cosa que siempre extraño. Y es que a mi pueblo ya no regresaré, mi madre murió y mis hermanos por donde están, no sé.

Así empecé a viajar por varios sitios, por Cuzco, por Madre de Dios, Tacna, Ayacucho, Moquegua y hace poco en Arequipa. Allí me fui a la Plaza de Armas donde dicen se encuentra la Catedral más bonita del país, le pedí a una persona que me la describiera y puede ser que si lo sea, no lo puedo decir bien porque la explicación no fue satisfactoria. Y es que: que no daría por tener alguien que me relate lo que ve, las formas, las caras de las personas, los edificios, para saber y tener en mi memoria las imágenes que me formo con sólo contármelas.

Allí en Arequipa un periodista muy entrometido me malograba el show, porque estaba ñequete ñequete preguntando que de donde era, que por donde había estado y demás cosas. Al final comprendió que yo vivo de cantar así que me esperó hasta cuando me agoté y me retiré. Con el tiempo he mejorado mi actuación. Ahora tengo un tocacasette a pilas y varias pistas de canciones sin la voz del cantante, de manera que hago eso del Karaoke. En un momento alguien grito que –no sabes que tienen más de trescientas personas aplaudiéndote-, me alegré bastante, pero hubiera preferido que todas ellas me hubieran dado algo, pero así es el espectáculo. Cuando finalicé mi acto me fui con el periodista a comer un almuerzo al mercado San Camilo, allí le conté algunas cosas que me aseguró escribiría en un diario. Le dije que no me importaba que contara con tal que pudiera decir que los ciegos somos personas que no nos dejamos vencer fácilmente, que somos intuitivas, que pensamos profundamente y que eso no es aprovechado. Con mis años de viajar he aprendido más que muchos y sólo por escuchar, por estar atento. Las personas pasan su vida sin escuchar a nadie, ni el susurro de un niño, ni el aletear de una mariposa, o el rumor de la voz de Dios en el mar…

Eso le conté y le hice pagar el menú. Ahora estoy camino a la fiesta de La Virgen de la Candelaria. Él no sabe a que lugares después me iré, pero se imagina que puedo irme a La Paz, o a Brasil ¿porqué no?, si he estado en Lima y allí es un infierno, porque no irme a otro país, yo no miro fronteras que me lo impidan y si no me dejan pasar, canto una canción de Nino Bravo, esa de “Libre” y a ver si no me dejan pasar.

VER PARA CREER

Si pues soy un caminante que no mira el camino, pero que escucha la canción de Dios en el universo y por eso canto, de todo, para matizar de vez en cuando canto algo de Chicha o de Cumbia, pero en su mayoría de la Nueva Ola, porque he sentido como la gente responde a esas canciones románticas y llenas de esperanza y amor, que me hacen sentirme útil si puedo arrancar un suspiro de recuerdos a las personas, para que se imaginen tiempos mejores. A veces pues me dan ganas de ver de ver un instante esas caras que me miran y que me observan. ¿Qué dirán?, no lo sé sólo escucho el rumor de los aplausos y al final de la noche, cuando tengo un buen día y el estómago esta tranquilo, puedo soñar con verlos, ver una multitud de personas a mi alrededor y yo cantando para ellos, puestos sus ojos en mi, mientras tanto viajo por el mundo para descubrir mi destino que sé aún no he encontrado…

Tu Niñez Bajo Tierra

Eres un niño que pierde la niñez bajo tierra y tos sangrante

Eres un niño que pierde la niñez bajo tierra y tos sangrante

“Sombríos días de socavón,
noches de tragedia,
desesperanza y desilusión
se ciernen en mi alma…”
El Minero-Wayño boliviano

Tu niñez bajo tierra

Imagina ahora que eres como un gusano que se arrastra por los socavones. Como un gusano te sientes comiendo tierra y polvo y escupiendo sangre, mientras que con un cincel y un martillo, intentas arrancar pedazos de piedra pómez de las paredes, pensando siempre en que momento se me caerá encima el techo del túnel, en que momento cederá el pilar de madera podrida y me enterrará sin ver por última vez a mi madre…

Ernesto Sábato graficó en su novela “El Túnel” un largo pasadizo mental en el cual las ventanas de luz era nuestra niñez a la cual siempre queremos regresar, en este caso, la luz te indica que ya vas a salir del hueco y que eres niño, así que no hay lugar mejor a donde ir, si vale eso de que cuando niños fuimos más felices.

Imagina que tienes 12 años y que desde los seis te has metido en cuanto hueco te ordenaron tus padres. Ahora piensa en que el colegio esta vedado para ti, que los otros niños del barrio te llaman “topo” y tus juguetes son los huesos que te encuentras mientras excavas o los perros callejeros que te acompañan son tus amigos. Quién sabe, los demás niños se animen a jugar en la tarde a la esconde esconde, pero ¡cuidado!, no lo hagan en los socavones, podrían caerse y matarlos como le sucedió a Paquito hace dos años y nadie dijo nada, ni sus padres porque tú y tu familia están al margen de la ley.

No lo vas a entender bien, repito que tienes 12 años y no sabes leer ni escribir y tienes que estar todo el día sucio que ni tu cara conoces bien. En las noches frías de la casucha donde vives, el frío se cuela por los intersticios de las calaminas. En las mañanas, puedes ver desde la altura de tu cerro que la ciudad está cubierta por una nube negra, y así no te sientes tan mal por estar también sucio.

En el desayuno tienes que aprovechar para bromear, ser espeso con tus otros hermanos y tratar de que tus padres no te manden al hueco. Pero no es así. Terminas tu leche aguada con algo de cereal repartido por la Municipalidad y te vas con tu pico y tu saco de polietileno para recoger los pedazos de esa piedra blandita pero que te hace toser con el polvito que sale. Eso te recuerda que mejor no te enfermes de gripe, porque así con fiebre y todo tendrás que trabajar.

Pero con todo, tu suerte es mejor que la de tu hermano mayor, el cual se vino a la ciudad con una enfermedad rara, producto de los gases que inhalaba allá en las torteras de Caravelí. Porque él trabajó desde chiquito sacando oro con tu padre, pero cuando este cayó enfermo y se tuvo que venir a la ciudad tu hermano se quedó. No sacó oro, o en todo caso lo que sacaba se lo chupaba o gastaba en mujeres, mientras su adolescente cuerpo respiraba al azogue y el cianuro que lo mató lentamente, porque viéndolo ahora, todo flaco y demacrado, no puedes pensar en que este vivo y te da miedo. Debes tener miedo, porque tu final puede ser igual.

Hemos dicho que no sabes leer, pero de repente exageramos, de repente si sabes a punta de percibir tu cercano mundo, donde las palabras pan, leche, arroz y otros nombres que identificas con bienestar con saciedad, no con esa que te hace tragar tierra y te sientes pesado, no, una saciedad de conocimiento por seguir leyendo y aprendiendo. ¿Cuándo se acabará eso?, te preguntas y se lo preguntas a tus padres, pero ellos no ven en ti a un hijo sino a un trabajador y no te enteras que por lo menos deberían darte un porcentaje de lo que sacan vendiendo los trozos de piedra.

La radio una vez tocó música bonita contando la historia de unos hombres que se la pasaban los sombríos días en un socavón, desesperanza y desilusión se sienten en tu alma, y así, pasando los días voy como buen minero y a Dios le pides morir y vivir en el santo cielo. No es tu historia, sabes que no lo es porque allí, en la parte alta de Jerusalén en Mariano Melgar, no existen minas, no hay oro que sacar ni cobre, sólo una piedra que sirve para que la gente se saque el chuño como dicen y para lavar jeans para eso trabajas, para que otros disfruten de tu trabajo raspando sus excrecencias. ¿Lo comprenderás algún día?, esperas el sueño intermitente que te alivie el dolor de ser un “topo”, un niño topo que se mete como gusano en los socavones para sacar la piedra, con el miedo de volver a encontrarte con una calavera, con los sueños de jugar en una escuela y patear un balón.

Si pues, hace unos días vinieron unos señores de terno con policías y máquinas que cerraron tus huecos. Sólo taparon ocho de los 38 que hay y dijeron que estabas siendo esclavizado, y que tus padres eran unos explotadores y que tanta cosa. Luego se fueron y vino un fotógrafo y te dijo que te daba un saco de arroz para que entraras con tu hermana menor a un socavón e hicieras como que trabajabas. Al tipo le divirtió su trabajo, retratándote como si fueras un animal de exhibición. Al otro día viste tu foto y hasta te alegraste, pero después recordaste eso de esclavo y lo tratas de entender. Pero ¿cómo van a tratarte como esclavo tus padres? No logras entender esa figura y menos te importa las promesas que te hicieron esos señores de terno sobre mejorar sus condiciones de vida, si es que tanto tiempo ha pasado sin que nadie se preocupe por ustedes y vienen ahora a prometerles ayuda, cuando lo que están haciendo es cerrar su trabajo. Esas cosas bullen en tu cabeza, las contradicciones…

Y despiertas, porque esta no es tu vida, porque entraste a este blog y te hemos hecho imaginar estas cosas que no te pasan a ti, pero sí a los 20 niños que, aún, como gusanos, todas los días se meten en los socavones para arrancarle a la tierra nada más que muerte y denigración…