El Comecuentos: El vino y la familia

Por: Sarko Medina Hinojosa

Una vez, con mi prima Ivón, nos retamos a tomarnos jarros de vino de las tinajas que mi abuelo Santiago tenía en el almacén, allá en la finca de Gramadal, en San Juan de Churunga, donde estábamos de vacaciones. No recuerdo cuantos jarros de porcelana desportillada en la base nos embrocamos entre pecho y espalda, pero sí que mi abuelo se carcajeaba de risa y mi abuelita Julia nos reñía a más no poder. 

Crecí entre leyendas y vino, entre historias que se contaban en una rueda familiar, pasando la botella de mano en mano, escanciando el líquido color granate, con la alegría de la bulla de voces que llegaban desde antaño, para repetir el círculo de la vida. Crecí entre las canciones de El Temucano, diciendo siempre que me gusta el vino: “Porque el vino es güeno, porque lo saca el trabajo de la tierra, porque emborracha cuando uno ta sereno y porque alegra cuando uno tiene pena.”

Pero dejo en la palabra a mi papá, José Medina Rivera, para que explique cómo se hacía el vino en la hacienda de mis abuelos:

“En los registros de mi mente viene unos recuerdos muy importantes acaecidos en Santa Fe. La elaboración del vino, que en su momento fue catalogado como el mejor del valle.

Santa Fe es un pedazo de tierra largo y flaco en el extraño mapa de la tierra, por lo tanto, la acequia que lo regaba por gravedad era larga desde el estanque hasta la culata del fundo, colindante con las chacras de mi tío Antenor Chauca.

En esa acequia, mi padre Don Santiago plantó sarmientos de uvas Italia, Moscatel, Quebranta, Negra y Mulata, la mayoría de ellos en zarzal y unos cuantos en hualpacho y uno solo en parrón.

Cuando la cepa alcanzó su madurez, que viene a ser a los cinco años para adelante, y por lo cerrado de la quebrada, la incidencia de los rayos solares sobre los racimos era mayor que en el resto del valle y el jugo era mucho más dulce.

La elaboración del vino era muy sencilla: se recogía la uva madura, se la landeaba y se escogía, quitándole los escobajos y ollejos picados por palomas y otros pájaros, después se vaciaban los racimos al lagar y se procedía a la pisa. El líquido pasa a la puntaya con ollejos y pepas, de ahí con colador se recibe en cántaros y se deposita en las tinajas.

Después de quince días que dura el proceso de fermentación, se quita toda la morra, dejando solo el líquido y se sella la tinaja con una piedra especial para el caso, envuelta en saquillo de harina y barro. Este proceso era en el mes de marzo y el destape de la primera tinaja se realizaba el 17 de Mayo, Aniversario del Edén.

Del evento participaban miembros de la familia Medina que subían de Iquipí y otros bajaban de San Juan.

PD: La uva Italia da el sabor, la Moscatel el aroma, la Negra el color, la Quebranta el cuerpo y la Mulata más líquido. Por eso fue catalogado el mejor vino de toda la Quebrada. He dicho.”

Coda

Ya no bebo vino. O por lo menos no como en mi juventud. ¿Lo extraño?, en realidad no extraño el líquido, sino lo que era en medio de una reunión familiar, juntos con amigos y alegría, con una buena comida. Ahora construyo recuerdos sin vino, es cierto, pero no puedo dejar de recordar a mi abuelo Santiago, en esa foto conmigo cargando un racimo enorme, y él explicándome la mejor lección del mundo: si uno siembra y cultiva con amor, los frutos son los mejores. Mi familia así lo demuestra. Ya dije.