¿Vomitaré hasta que muera?

¡Mira!, estoy regorda...

¡Mira!, estoy regorda...

 

A decir verdad yo decidí tener esta enfermedad… La primera vez que me autoinduje el vómito debí tener 15 ó 16 años… Había comido como un cerdito así que se me hizo una buena opción eso de “eliminar las calorías” vomitando… En ese entonces debí hacerlo contadas ocasiones, pues me daba mucho asco y la sensación de nauseas constantes, luego de vomitar, me desagradaba bastante. Así que sólo vomitaba cuando había comido demasiado.

 

Durante mi infancia fui una niña podría decirse que incluso flaca. Aunque nunca faltaron los comentarios referentes a la importancia de mantenerme en línea. Cuando tenía aproximadamente 8 años. Un tío hizo un comentario, que quizá él consideró inocente, pero que a mí me hizo una marca no sólo en el corazón, sino también en la autoestima… Habíamos dejado de vernos durante vacaciones. En cuanto me vio llegar exclamo: “Frida!!! Nada más sales de vacaciones y te inflas, Bueno, nada más que vuelvas a la escuela volverás a bajar”.

 

Quizá para él fue un comentario sin relevancia alguna, aunque no fue por supuesto ese mi caso… A los 14 años más o menos empecé a subir de peso. Mi familia y padres me insistían que bajara de peso con argumentos como “Cuando bajes de peso, serás lindísima” “Cuando bajes de peso, traerás a muchos chicos tras tus huesitos” (Bien decía huesitos…) “Cuando bajes de peso…”, “Cuando bajes de peso…”, “Cuando bajes de peso…!!!” Uuuuufffff eso por supuesto aunado a mensajes indirectos de mi padre donde me decía tonta, ignorante, etc. 

 

AUTOESTIMA DAÑADA

 

Y bueno… lógicamente eso terminó con mi autoestima. Afortunadamente en la escuela nunca me molestaron por estar gorda. Lo cual me hace pensar que en realidad mis padres exigían demasiado. Necesitaban que fuera la hija ejemplar en el aspecto físico. Entonces empecé a angustiarme de una forma increíble. Recuerdo una ocasión que salimos de vacaciones a provincia; fuimos a visitar a la familia… Llegamos a Camaná y yo me sentía bastante bien, pues constantemente me llegaban arreglos florales, cartas, etc de los chicos del lugar. 

 

Pasados dos años aproximadamente (durante los cuales por supuesto tuve a mi madre, padre, familia y amigos de la familia sobre mí para que bajara de peso) regresé a visitarles. Una amiga y yo fuimos a la disco. Comenzamos a bailar y llamamos la atención de un grupo de chicos del lugar por nuestra forma de bailar. Así que uno de ellos se acerco a mí. Y dijo… “te parece si bailo contigo y que mi amigo baile con tu amiga???” A lo que accedí. Poco después; otro chico (del mismo grupo de amigos) se acercó a mí y luego de charlar un rato, relacionar situaciones, personas, etc Mencionó… “Claro!!! Yo te conozco!! Eres la chica que traía loquitos a todos los chicos de aquí hace dos años… Pero bueno… es que no te reconocí porque estabas más delgadita…”. 

 

EMPEZAR A VOMITAR

 

Luego de eso llegué a casa y comencé a golpearme el abdomen frente al espejo y lógicamente también a llorar. Y me prometí a mi misma que bajaría de peso a como diera lugar. Un día escuchando el radio, descubrí que eso que hacía yo esporádicamente se llamaba bulimia, que era una enfermedad y habían chicas que perdían kilos y kilos dejando de comer. Metiéndose laxantes, diuréticos, pastillas, haciendo ejercicio, etc. Que comías lo que querías, ibas a vomitarlo y listo!!! Todo resuelto!!! Por supuesto este no era el mensaje que daban en dicho programa. 

 

Comencé a dejar de comer, (aunque lo más que llegué a aguantar sin alimento fueron 3 días) Así que me inclinaba más por la opción de comer y vomitar. Que podían ser hasta 12 veces en un día. Claro… cuanta cosa me llevaba a la boca; terminaba en el w.c. Al principio era demasiado difícil, pues me daba muchísimo asco, detestaba esa sensación de vacío en el estómago y las nauseas que te quedan luego de hacerlo repetidas ocasiones en un sólo día resulta desagradable. Pero bueno… no me importaba porque finalmente era para una causa noble, o así lo sentía yo. 

 

Aunque me desesperaba a veces porque me costaba trabajo vomitar o en ocasiones me daba miedo a sensación que provoca el esfuerzo, que terminaba con un dolor de garganta espantoso y en un par de ocasiones el cepillo con el que me provocaba el vómito salió con algunas gotas de sangre lo cual me asustó un poco, pero en cuanto me miré e el espejo dije… *qué susto ni qué nada!!! Lo que sea por bajar de peso. Hasta la muerte si es necesario!!! No te puedes, ni te vas a morir gorda”. 

 

Finalmente el esfuerzo y el sufrimiento, o la desagradable amargura de la bilis en cada visita al baño luego de haberlo depositado todo en él, bien valía la pena… Iba a ser bellísima cuando bajara toda esa asquerosa grasa. Y así estuve por varios años… De repente lograba bajar unos kilos cuando ayunaba. O controlaba las calorías. (300 ó 400 al día). Pero en realidad era más que nada “mantenerme” o incluso subir de peso. Pues cada vez que uno vomita, o deja de comer, el cuerpo (nada tonto) se percata de que no le estamos alimentando o le quitamos lo poco que introducimos en él. 

 

DURO

 

Un amanecer en el buscama rumbo a Lima, me hizo cambiar mi visión. Al igual que el amor de un chico (en ese momento) maravilloso. Y creció en mi la necesidad de estar bien. Así que reafirmé mi deseo de bajar a la buena. Y bueno… deje de vomitar por un tiempo, pues estaba ya yendo al gimnasio diariamente 4 hrs. Tomaba litros y litros de agua. Me aplicaba unos supositorios para sudar más, pastillas (que por cierto me provocaban angustia y taquicardias) Desayunaba y almorzaba Slim Fast… A veces lo tomaba también por la noche o bien me servía una taza de arroz hervido. Pero no fue hasta que busqué ayuda médica que no empecé en serio a tratar de sanarme.

 

Pero llevo ya desde Febrero de este año con sólo 3 vómitos y una recaída de cortes. Me da pánico comer. Me restrinjo demasiado. Mi equipo de médicos y yo, coincidimos en que lo mejor es ingresarme a la clínica de trastornos de alimentación. Por lo que el próximo lunes 11 de mayo me internarán por al menos un mes. Pero estoy dispuesta a no salir de ahí hasta que no esté completamente recuperada, ojala lo logre…

 

Dido-White Flag

¡Estoy rejodido pero respiro aún!

¡Buscame trabajo pues chocherita...!

¡Buscame trabajo pues chocherita...!

Cuando en las mañanas me levanto, siento que va a ser un día más de esos donde no habrá trabajo, y, por vida que me quiero dormir unos minutos más. Pero siento a mi madre prender el primus en la cocina, al perro que ladra al sol de la mañana y no me queda más que sacudirme las frazadas y meterme en la ducha para bañarme, así con frío y todo.

 

 

Me llamo Juan Mamani Castro y sé que no seré bueno contando mi vida, pero la verdad es que estoy harto de seguir igual, toda la vida igual y quiero que la cosa cambie. Si fuera posible que por el periódico me dieran trabajo, hasta el celular de un amigo publiqué y de seguro al final de contar mi historia les voy a dar mi número, como ya lo intenté en alguna ocasión… Ahora me conocerán algo, pero lo principal es que no tengo trabajo y eso explica muchas cosas ¿no?

 

Primero quisiera que conozcan a mi madre: Enriqueta Castro. Ella me tuvo a mi y nada más. Gracias a Dios por eso porque de lo contrario la pasaríamos peor. Vivimos los dos aquí en el sector D de Deán Valdivia en Cayma Enace, donde hace ya cuatro años nos vinimos a vivir. Le cuidamos la casa a un señor que tiene su mansión allá por Yanahuara. De alguna manera el tener un lugar para descansar debería facilitar las cosas, pero en nuestro caso no es así.  

 

Desde niño trabajé, pero nunca duré demasiado en una labor. Que si trabajaba en una combi, que el dinero no alcanzaba para pagarme; que si me metí de albañil, que el patrón no quería pagarme completo; que si me fui a la frontera para traer contrabando, que la Policía me detuvo y me quitaron mi capital. La cosa es que me va recontra mal en estos años y no sé a quién culpar al final.

 

Nunca estudié. Mi madre necesitaba que trabajara para que nos mantuviéramos los dos y no nos alanzaba ni con esas. Pero no soy el único en esa situación, a mí alrededor veo diariamente a profesores hacerla de taxistas, a tombos como ladrones y a madres prostituirse. En mi caso no tengo trabajo porque no existe una oportunidad para mí, pero no entiendo en sus casos ¿no se supone que ellos deberían tenerla más fácil porque estudiaron?

 

Enagañados

 

A muchos de ellos (y mi mismo da pena decir), nos engañaron de distintas formas con promesas de trabajo. Por ejemplo, para sacarnos provecho se nos busca por el periódico. Todas las mañanas en el parque Duamhel se ubican patas que te venden las copias de los avisos económicos de los diarios, para que te leas las ofertas de trabajo, de esta manera te ahorras comprar un solo periódico y por solo 20 céntimos tienes de Correo, de El Pueblo, del NOTICIAS y así por el estilo. Allí siempre aparece dos clases de avisos: los de la “empresa emprendedora necesita jóvenes emprendedores que quieran ocupara plazas emprendedoras de alta gerencia en el área de promociones al público”, es decir vendedores de puerta en puerta. Con esta forma a los promotores les interesa un pepino cuanto camines con tal que cumplas las cuotas.

 

El otro tipo es el de: “oportunidad única de negocio (no service) gane dinero en su medio tiempo, sea su propio jefe”, es decir que tiene que comprar productos que venderás a tus papas a tus amigos y a tu enamorada. De este tipo abundan y veo que muchos van por los centros de promoción, pero no todos logran salir adelante y siguen en la ruleta de buscar trabajo cada mañana, en su mayoría son jóvenes.

 

Yo ya pasé por eso. También por lo de las services. Al principio, ilusionado, pagaba mis reglamentarios cinco soles para que me tomaran en el empleo de “cuidante nocturno con sueldo de 400 soles”. Nunca me llamaban y mis cinco soles al agua por siempre, y si reclamas tienes que pagar otros cinco soles ¿que conchudos no?

 

¡Ah! después me metí a eso de las empresas que te piden currículum!, o esas otras que te convocan con ropa a la tela y esas cosas. Pero ya estoy curado y no creo ya en nadie. Ahora sale eso de los viajes al extranjero y pienso que es otra trafa ¡es tanta mi amargura! Y es que las veces que si resultó ser cierta la convocatoria, el hecho de no tener estudios universitarios o técnicos va en mi contra, por supuesto ni hablar de mi cara serrana.

 

Para estudiar se necesita plata y con mi trabajos de medio tiempo no pude pagarme la pensión. Ahora ya estoy mayorcito para andarme con esas cosas, pero si ustedes que me lee lo son, estudien harto y lo que puedan, que en los trabajos te piden de cada cosa, que si estudiaste computación, que si eres maestro o master no me acuerdo, que el inglés más, que otros grados, así que a estudiar, es lo único que puedo aconsejar ya a mi edad.

 

Respirar y vivir

 

Hace tiempo trabaje en una comercial, pero me sacaron porque casi cumplí el año y debían pagarme más por ley. De otra empresa me sacaron igual porque me tenían que contratar si estaba un mes más. En otras partes me engañaron pagándome un mes primero puntual, después medio mes y se retrasaron, después ya me debían dos meses y después por fuerza me tuve que ir nomás caballeros.

 

Después de tantos años al parecer no aprendo, porque igual sigo saliendo a las calles a buscar empleo, y veo en las esquinas a jóvenes buscándolo incansablemente, como si fuera un premio. ¡UN PREMIO!. No creo que deba ser así. Si es que alguien tiene la culpa que me lo digan, si es mía la acepto, pero que no me engañen más, que no me pidan plata para trabajar en una obra, que no me menosprecien por mi ropa usada y comprada en el Baratillo, que no me denigren por mi edad y que me respeten porque yo les respeto. ¿Acaso con ser peruano no se supone que debo tener derechos?, a una vida digna, a trabajo, a educación, pero nadie me enseñó, nadie se preocupó en decirme cuales eran esos derechos, ahora ya no los puedo utilizar porque estoy viejo y no quiero que le pase lo mismo a otros, por eso estudien, pero estudien bien pues, algo que les guste y que sean capaces de aprender bien, porque hay una selva halla afuera, es un infierno de oportunidades y aquel que tenga una buena arma vencer. De repente para mi ya no hay solución y siempre seré un desempleado, pero de repente para ti no, busca tu oportunidad es lo único que puedo aconsejarte… ¡ahhhhhhhh! Como ven soy de todo y para todo, ¿legal eh?, así que si sabes de alguna chambita llama pues al 054-959770004, que de seguro te cumplo a la firme ¿ya?.   

“No sabemos Amar” – El Gran Silencio

“¿CUANDO DEJAS A ESE ABUSIVO?”

¿Porqué permites que ese desgraciado te maltrate?

¿Porqué permites que ese desgraciado te maltrate?

 

De verdad… ¿no sé como empezó?, creo que no tenía ganas de comer y fingí que la carne estaba pasada y la ensalada, como siempre, no tenía limón... debería acostumbrarme, pero no estaba bien, ya sabes: el cansancio me ganó. Además él ya vino con ganas de pelear, vino a traer sus problemas, sus crisis, sus dolores, y los trató de refugiar conmigo. Te soy sincera, antes eso me encantaba, me hacia sentir importante en su vida, ahora me asfixia, “soy una mujer no un estropajo” siempre me repito eso, “no soy una pared donde se pueda estrellar su cólera, NO”, y luego me llora sin lágrimas, me desea y yo a él y… bueno.

 

Dudo y en verdad dudo que él entendiera eso en ese momento, sólo porque gastó dos cincuenta en mi menú, y después: “que no era fácil conseguir dinero y que acaso no pienso en mis hermanos en mi pueblo, que ni siquiera prueban carne en meses como yo, y que su madre, SU MADRE, trabajando 12 horas al día en ese pueblo tan lejano de él y de tan puro aire, debería irme ahí para respirar en paz un momento…” lo sé: divago, pero es que esa no es la manera de reclamar, que sabe él de ser mujer y todavía provinciana y peor: sobrina de caridad ajena.

 

Él no sabe de mis cambios de temperatura, de esos dolores que vuelven cada mes y que me vuelven loca, porque él no los sentirá pero yo sí, y me siento sucia y malhumorada. Y yo me tengo que estar bañando a cada rato por él, por él que no se afeita continuo y no entiende que irrita la piel de mi cara con su barba, pero ¿Lo intenta?, ¡NO!, Se juega su fútbol, se gasta treinta, cincuenta soles en sus amigos, ¡Y se queja de dosincuenta!. Y mi hermana que “¿Cuando vas a terminar con ese abusivo?, porque es un borracho y te puede pegar”, ay, ay  si supiera que yo lo golpeé primero, eso paso después de comer.

 

Al salir me estuve arrepintiendo de no haber comido, pero ni siquiera se calló: “que si me sentía feliz por lo que había hecho”, “si así decía que lo amaba”, y yo gritando en mi corazón, con mis ojos: sí idiota, ¡Sí te amo! ¿No ves que no te respondo para ya no pelear más?, Y él dale con que si no lo amo, y yo “ja, ja” cuando mencionó el ahorro… estalló: de que te ríes, te parece bonito ¿Ah?, Yo te hablo y tu te ríes ¿no?, Eres una (…) y no entiendes nada, ¡Nunca haces nada por la relación!, Se atrevió a decir eso ¿Puedes creerlo?, Sí pues: “¡Yo!” Empecé la pelea “no bastara -dije- hasta que me veas llorar, ¿y ni así te sentirás contento?”. Él tronó y me jaló mientras decía: “ahora si ya me hartaste, te ríes ¿No? Que crees, que riendo no se van a dar cuenta que estamos peleando”, SÍ, tienes razón idiota, nos ven, con lo que te gusta hacer el papelón,  hue… disculpa pero así pensé y si no lo dije en voz alta fue por el miedo a que me pegue en la calle.

 

YA EN CAMINO

 

Pero me pegó después como te sigo contando (este jugo nos va a caer a pelo a los dos ¿o a las dos ummmhh?, Vas a ver) y me jaloneó ¡! Más todavía, y me llevó al parque enfrente de la “U“, ¡Cuantas veces me contó que se emborrachó allí!, Cuantas más me contó que venía con sus amigos de pera y chicas del Arequipa a jugar botella borracha. Sí, cuantas veces me retrato la manera en que se besaban, y ahora me llevaba a mí, dizque su amor, “su novia”, me llevaba a pelear y después trataría de amistar las cosas, pero yo ya no estaba de humor; claro que lo entendía: estaba con deudas y hasta le dolía la muela al pobre, pero trataba de entenderlo y… lo sé, me estoy disculpando, tú lo sabes ¿No?, Pero no es mi culpa.

 

Él, después de gritarme, apretarme el brazo y tratar de besarme a la mala con ese aliento caliente que tiene cuando se enoja (y tú ya debes saber que me molesta) me dijo que: “que quieres en verdad”, yo “terminemos“, y él con su conocido: “ya pues”, hizo el intento de irse, y como siempre (siempre amor, siempre lo haces ¿No?), Se volvió a los tres pasos y regresó, ¡Pero me sorprendió esta vez!, Me cogió de nuevo el brazo y me jaló hasta la avenida, entonces para un taxi y me dejó pasmada, dijo: “hasta el grifo Monterrey, sí en la Estados Unidos, una cuadra más abajo ¿Sí?, dos china… ¡ya!”, Y yo por dentro: “Tu cena, tonto”, y ya dentro del carro no me duró la paz: “maestro, mejor a Miraflores, al Parque Mayta Capac”. No dije nada, me confundió, aunque esperaba que por primera vez me dejara en mi casa y se fuera, pero no, tenía que terminar la pelea en su cuarto tú sabes.

 

Al llegar fue a la farmacia por su pastilla para su muela, al regresar me alentó a irme, le dije “ya pero no me sigues”, ya sé, era imposible. Y dicho pues me llevó a su cuarto, no conoces por ahora ese cuarto, con su olor a hombre recién destetado, con su hurón disecado mirándome con risa y el dibujo de mi cuerpo desnudo en la pared. Mi cuerpo y su cuarto… encajan como su boca en la mía, y pensar que en ese cuarto me hizo mujer, pero ya no siento si soy su mujer o su objeto. Pero esta vez no trataría de seducirme, sino que empezó a gritar que ya no lo quiero, y yo tratándome de ir, y luego él jalándome, diciéndome, pidiéndome tiempo y yo llorando ¡Solamente quería irme!, Me dijo que además yo sabia que no nos podíamos separar, que éramos UNO, amor porque me haces sufrir, CONTESTA… si amor, no podemos estar lejos, pero ahora tampoco cerca ya.

 

La verdad es que debí decirle que ya me aburrí de sus problemas, y que lo amo pero no doy para tanto, pero no fue necesario, me sacudió más fuerte y no aguanté: le di el manazo justo en el lado de la muela careada, me miró con una cara de cojudo única y luego me pegó un cachetadón tal que pensé en ti, pero te juro que es la primera y última vez, después él se derrumbó, suplicó, lloró y consiguió un leve perdón, un perdón mentiroso y de pena, sin ganas ya de ser verdad, un perdón triste, es que ya se pasaba la hora y no podía llegar más tarde a mi casa, se despidió con promesas de redención, me ama y yo lo sé.

 

LA ESPERANZA

 

En el carro pasaron, por mis ojos y labios, todos los cuatro años de andar de enamorados, las tres sacadas de vuelta por parte de él y una mía, las llamadas de borracho a media noche, las plantadas, ¡Y hasta el anillo que nunca me compró!, Y… el aborto, sí, lo sé: nunca me lo perdonaras, pero espero que jamás te lo repita de esta forma, si lo entendieras… ¡No! Eso fue imperdonable, pero ya no volveré a cometer mas errores, ¡Te lo juro!, Y voy a empezar por no volver a ver a tú padre, así me duela, y después se lo diré mis tías, pero por ahora vamos a preparar un puré de papas, porque no sé, pero me he antojado de mezclarlo con espinacas… sí ya sé: es sugestión mía… ¡Y que!, estoy embarazada y voy a ser tú madre y debo estar fuerte para todo lo que vendrá por los dos, o por las dos, ¡Así qué a preparar la comida se ha dicho!.

 

 

Un Ladrillazo

Un ladrillo puede cambiar tu vida... depende como lo recibas
Un ladrillo puede cambiar tu vida… depende como lo recibas

(Adaptación de un e-mail-cadena)

En el rumor de la noche, en el espacio entre el sueño y la vigilia, la mano del conductor está firme. Ha luchado muchos años por ahorrar dinero para comprar este auto, es un maravilloso Audi, color perla metálico, brillante. La noche que inicia, una vez más, es un espacio abierto para que la imaginación se explaye, mas Rubén sabe que tiene que manejar con cuidado, las calles son peligrosas y él no quiere que le dañen el carro de sus sueños cumplidos.

 

Pamito conduce en otra parte de la ciudad otro tipo de vehículo. La silla de ruedas de su hermano es muy grande para él, lo sabe, pero no le incomoda mucho, a sus diez años ha aprendido a realizar la tarea de niñero de Jonchito: su hermano mayor que sufre de retardo mental grave. Los médicos hablan de autismo profundo. ¿Qué es eso y con qué se come?, se pregunta el niño. No importa, lo que ahora le preocupa es que llegarán tarde a su casita, luego de vender caramelos en la esquina de esa avenida de todos los días.

 

El Audi está también retrasado. Su conductor, ese joven de suaves manos que maneja diestramente, lo ha adquirido a precio de villano. El sistema que contiene el vehículo es espectacular: air bags, detección electrónica de fallas, freno de emergencia anti impacto, cambios mecánicos suaves… un lujo. Las llantas se deslizan suavemente pese a que las calles andan con huecos y baches. Las curvas son tomadas con pericia, hombre y máquina se entienden, como si el destino de Rubén fuera desde siempre poseer ese carro, tenerlo y disfrutarlo. Es su primer día juntos y las aventuras que recorrerán se vislumbran como épicas.

 

Rubén es un joven y exitoso ejecutivo que llegó donde está a puro punche. De niño le decían “cholo”, eso marca el alma, en especial en un país donde todos tienen sangre andina. Con el tiempo aprendió que la “choleada” no era de gratis, se debía principalmente a ese sentimiento de inferioridad de los demás, que quieren resaltar entre todos aunque sea por el color de la piel. Fue una lección milagrosa que le motivó a destacar por el estudio, sin importar las veces que lo trataran de bajar con insultos, apelativos o rechazos amorosos.

 

Lastimosamente, en el camino se olvidó de varias cosas, entre ellas su familia. Cuando llegó a una ciudad mediana a estudiar en la universidad, su hermano menor fue un estorbo siempre permanente, porque no estudiaba y prefería jugar en vez de escucharlo en sus teorías de crecimiento económico y más vainas. Eran lecciones que a un chico de 14 años no interesaban demasiado. Por eso, cuando se graduó, le prometió tratar de llevarlo a esa ciudad de edificios grandes, con el tiempo la promesa se diluyó en el intrincado horario que tenía en la gran empresa donde trabajaba. A veces, como un paliativo para su conciencia, imaginaba que en temporada de vacaciones volvería a esa ciudad a ver qué fue de su hermano. “Los años pasan Rubén”, le decía su conciencia constantemente, pero los horarios, las amigas, los amigotes o el trabajo la acallaban…

 

Para Pamito, su hermano Jonchito era casi todo. Su madre paraba enferma y necesitaba de los soles que conseguían ambos en las calles para que sobrevivan diariamente. Eran soles arrancados a la vida de una manera brutal, vendiendo caramelos, limpiando carros, vendiendo videos piratas o agua mineral en los meses de calor. La competencia con otros chiquillos era feroz. Un día hasta le ofrecieron alquilarle a su hermano, porque al parecer “daba más lástima” tener un hermano inválido. Ese día se trompeó hasta que lo separaron de ese chico mayor. No había insultado realmente a su hermano, pero sintió que lo estaban tratando como sólo un objeto, cuando para él era SU HERMANO, porque en su escaso vocabulario no encontraba las palabras para describir mejor sus sentimientos. 

 

Rubén no sabe por qué toma esa calle. De repente, el instinto de tantos años manejando le indica que debe cortar camino y se interna en esa avenida descongestionada y de alta velocidad. Pamito también toma el camino largo por esa avenida, tratando hacerse más fácil el camino empujando la silla de ruedas hacia su casa, cuando en eso sucede lo inevitable. Rubén de repente siente un estruendoso golpe en la puerta derecha de su vehículo. Con pericia, controla su máquina y se detiene a un costado de la avenida. Al bajarse ve que un ladrillo le ha estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto.

 

Se sube lleno de enojo. Da un brusco giro de 180 grados; y regresa a toda velocidad al lugar de donde pudo salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su exótica adquisición. Cuando llega a esa parte, se baja de un brinco del carro y agarra por los brazos a Pamito, empujándolo hacia el auto estacionado le grita a toda voz: “¿Qué mierda hiciste, ahh?, ¿Quién eres tú?, ¿Qué crees que haces con mi auto?”. Y enfurecido continúa gritándole al chiquillo: “¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro!”.

 

Por favor, señor, por favor, lo siento mucho, no sabía qué hacer”, suplica el chiquillo. “Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía, nadie quería parar”... Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba en la vereda a un costado del auto estacionado. “Es mi hermano”, le dijo, “se cayó de la silla de ruedas y se ha golpeado muy fuerte… y yo no puedo levantarlo…”

 

Rubén está impactado, suelta lentamente al niño. Pamito le pregunta anhelante: “¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla?, está golpeado y pesa mucho para mí”. Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, Rubén traga la gruesa bola que se le forma en su garganta. Emocionado por lo que acababa de pasarle, levanta a Jonchito del suelo y lo sienta nuevamente en su silla y saca su pañuelo de seda importada para limpiar un poco las cortaduras y las heridas del hermano de aquel niño.

 

Luego de constatar que se encuentran bien, miró al chiquillo. Pamito le da las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie… “DIOS lo bendiga, señor y muchas gracias”, le dice. “¿Queda muy lejos tu casa?”, pregunta Rubén. Y después sube a los dos a su lujoso Audi. Cuando los deja a pocos metros de la humilde vivienda, Rubén ve cómo se aleja el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta que entran por esa puerta, a su hogar.

 

Ya de camino hacia su propia casa, recuerda el departamento lujoso, pero vacío. Sus almuerzos con mujeres bellas, pero que lo mismo lo dejan solo una vez que lo terminan de amar. Cuando llega a su casa llama por teléfono a esa ciudad de la cual no recuerda mucho y conversa largamente con una voz madura y decidida que perdona, sin decirlo, la ausencia de años…