• La suerte del esclavo

    Nací esclavo de madre esclava. Cuando fui llevado a casa de mis amos, mi madre no tuvo palabras de amor, estaba muy resignada a su suerte para eso, solo al final recuerdo una mirada lejana suya, llena de tristeza. En mi nueva casa rápidamente supe cómo ganarme la confianza de los amos con una fidelidad…


  • El comecuentos: bolsa de mercado

    Fui por primera vez solo al mercado, casi empujado a punta de escobazos por mi Mamá Hilaria, cuando ella ya no pudo ir y cuando en la calle América en Mariano Melgar, se instaló la feria de los sábados. Iba con mi bolsa multicolor de mercado. Remendada con aguja de arriero, amarrada con pita porque…


  • Consuelo

    La anciana iba todos los días al templo, al salir siempre acariciaba con sus manos huesudas una talla de un ángel de madera del púlpito bicentenario. Como seguridad del templo siempre me doy cuenta de esos detalles, a veces tan inútiles de recordar como verdaderamente claves para resolver algunos misterios. Y es que la talla…


  • Lágrimas de mar

    Hay una mujer que camina por la playa, buscando la risa que se llevó las olas, los juegos contemplando el atardecer. En la memoria de la brisa intenta reconocer el latido de un corazón que fue suyo. La noche se acerca y ella se resiste a partir. Un año más sin él. Intenta una vez…


  • Amor estático

    «Siempre la amaré, aún cuando mi brazo nunca la sostenga de la cintura, aún cuando mis labios no la besen, aún cuando no pueda susurrar su nombre, cuando un milímetro de distancia separe mi mano de su mejilla, la amaré, aún cuando el tiempo deteriore mi cuerpo de plástico, mi piel de pintura blanca y…


  • La Respuesta

    Fue directo a ella, sin miedo, cruzando todo el parque, con los metaleros a un costado, los skeaters al otro, los reguetoneros a una esquina, con los abuelos criticadores, las tías del rosario, la doña de los caramelos y el tipo que hace caricaturas, el pastor evangélico, los niños en su bicicletas, los que grababan…


  • Ni un golpe más

    Unos gritos desaforados nos despertaron esa noche. Corriendo, mi esposa se dirigió a la ventana de la sala, que da a la calle, y me llamó de urgencia. La vecina de al lado, aquella que hace pocos meses diera a luz a un pequeño, huía despavorida con el bebé en brazos, gritando por ayuda, con…