Los “chihuanes”

#Microcuento

La moneda de cinco soles estaba destinada ese sábado en la tarde para comprarse un helado. Quería uno de barquillo, con salsa de chocolate y sabor a Capuchino como anunciaba la tele. De camino a la tienda de la Pestañuda, lo abordaron el Jota, Mañuco y Bocón.

—Oe Ñato, ¿Qué vas a comprar?, invicha.

Sabía que tenía pocas posibilidades de salir del lío. Menos correr y tampoco comprar algo distinto, porque se le iría la plata y además tendría que ser con el dinero completo, el vuelto exigirían sus amigos para dulces o guaguas que están de época.

—Nada, estoy chihuán.

Varios rieron con la ocurrencia de moda, menos el Jota.

—Oe qué significa eso.

El Ñato no se aguantó las ganas de anotarse otro punto.

—Que ignorante, ¿no sabes que ahora eso significa ser misio?, ¿No ves las noticias o en tu casa son tan chihuanes que no tienen tele?

El silencio incómodo que siguió fue roto por el Mañuco.

—Tamare Ñato no te bromees con eso, la Sunat lo embargó al papá del Jota y tuvieron que vender todo en su casa para el diario, nos estaba contando justo eso.

El calor del roche lo embargó. Al final, fueron por unos helados de luca para todos. Sin que se dieran cuenta los demás, al despedirse le pasó el sol que quedaba a su causa con un guiño de patas. 


Glosario:
Invicha: Invita
Guagua: Bizcocho dulce en forma de bebé con una mascarita de yeso en una punta.
Chihuán: Que el dinero no alcanza.
Misio: Sin dinero.
Luca: Un sol (En esta oportunidad)
Tamare: Palabra de descontento
Roche: Pasar vergüenza 
Causa, Pata: Amigo

Buscándote

angry couple sitting on sofaEs la rutina de todos los días: levantarte, despertarla, besar sus ojos llenos de legañas por las lágrimas de toda la noche, preparar el desayuno, soportar con paciencia sus cambios de humor, sus encierros en el baño por más de media hora, el no resentirse cuando la vas a tocar y te saca las manos, el desayunar callados hasta que no aguantas y prendes la tele, el salir a trabajar sin ánimos y llamarla cada cierto tiempo para saber como está y recibir la misma respuesta dolorosa “¿Y cómo quieres que esté?”. Finalizas tu día en el trabajo y siempre sales algo temprano con alguna excusa pero para ella siempre sales muy tarde, o eso le haces creer. Esas dos horas de tiempo ganado te sirven para buscar a esa persona, ansiando encontrarla, anhelando ver su rostro, imaginado lo primero que harás al hallarla, porque sabes que siempre cargas la 38 cañón corto cargada, lista para saludar como se debe al que violó a tu esposa.

La Doña de los ovarios bien puestos

ImagenEsa anciana arremetió contra el Presidente de la República a cachetada limpia sin que pudieran hacer mucho los agentes de seguridad. Fue casi de inmediato declarada heroína, en especial cuando los medios captaron la frase que la volvería famosa mientras se la llevaban los de Inteligencia de Estado: “Quieres que me muera sin darme mis pastillas, pero no te voy a dejar ridículo hombrecito, he enterrado a más presidentes con más huevos que tú ¡Y sigo viva!, recuérdalo”.

Podía decir lo que quisiera después, eso no se lo concedía la edad, pero sí que lograra indirectamente que se suspendiera la huelga médica y se invirtiera 1000 millones en el presupuesto anual para la seguridad social en equipos y mejoras para los pacientes a nivel nacional.  

Fueron meses de locura. Por ejemplo, a la mitad de la entrevista con el famoso periodista de la CNN, no pudo dejar de decir. “Si hubiera sabido que una cachetada podía cambiar algo, te aseguro que se la zampaba a José Pardo y Barreda para que no fuera tan cobarde”. Un observador crítico la hubiera corregido por el tema de edad y fechas, pero, era tan graciosa la Doña (como se la conocía), que la dejaron ser.

Hasta empezaron a twitear frases animándola a lanzarse como congresista mínimo y ni hablar de los memes.

Cuando falleció hace dos meses con el corazón abarrotado de emociones y reconocimientos, el periodista que por fin halló el dato perdido de su verdadera edad, tuvo algo de decencia y quemó el papel original. Y es que algunas personas merecen que se les guarde un secreto coqueto, decía el susodicho, mientras todos en la sala de redacción recordábamos las hazañas de la anciana que tuvo el valor (y los ovarios decían muchos) de hacer algo concreto para sacudir a un gobierno que se presentaba totalmente incapaz.

Lo que tememos todos es que no haya más nadie con ese valor de decir las cosas y eso sí nos hace temblar.