Historias del Peregrino: La fuerza de un toro

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Yo no lo conozco al tal Peregrino. Dicen que llegó ya una vez hace mucho tiempo y se quedó lo suficiente para que lo recordaran los mayores, pero ahora está de vuelta por esos pagos. Yo no lo conozco bien amigos, pero sé que debe tener pacto.

Pero por favor, invítenme una copa que ando con el guargüero reseco y constipado por la arenas que he atravesao.

¡Ahhhh! Que rico de verdad este anisado compañeros. Pero no se me inquieten, me han llamao pa contarles sobre el Peregrino y se los voy a contar todo.

Porque como saben, eso del Toro de Don Grimaneso no ha sido mentira, no no, yo lo he visto.

La Fiesta de San Hermenegildo comenzaba temprano ese día y los toldos estaban chillan chillan en los linderos del coso. En la madrugada el Venancio y el Junior habían bajado de la sierra, de la hacienda en Lacsa, a los toros bravos para la corrida. Entre ellos estaba el Pelao, un toro moteado de 350 kilos de peso de punta a punta y una cornamenta que cortaba de solo mirar.

Ese toro ya se había despanzurrado a dos parceros de la hacienda y había matado a punta de cornadas a un rival de amores. Era demasiado bravo para medirlo con un torero fino, pero lo traían para exponerlo solamente, era un semental que esperaba Don Grimaneso poderlo vender a algún hacendado del norte como padrillo.

¡Ah!, la fiesta, gran celebración donde todos son amigos, bueno hasta que se acababan los cuartitos de aguardiente de caña y empezaban los pleitos, pero todo se arreglaba con un buen plato de picante con su papa, su torreja, su presa de cuy y su batido de tarwui. Que rica la chicha blanca, que lindas las chiquillas, las señoritas en sus caballitos blancos, que galantes los hijos y sobrinos de los hacendados. Entre ellos, desencajaba el Peregrino.

La verdad, no sé que tiene en su andar, pero pareciera que no le temiera a nada, es viejo, es canoso, pareciera entre cuarenta y sesenta años. Yo ni de vainas que me le acerqué ese día. Muchos decía que esta ccaicado, hechizado, porque no entendían cómo si se fue ya viejo regresaba igualito.

¿Ustedes conocen a la hijita de los Madariaga?, no pues si no suben al pueblo si no es en octubre para vender el vino y ellos siempre llegan a por estas fechas para el Santo Patrono. La Doña Eulagia era la más devota y la niñita, hija de su nieta, salió igualita, así de pecosa y con ese aire de mandona que ya tienen desde que nacen los de su estirpe.

Las trompetas, los bombos, las guitarras, como sonaban a celebración, así como yo celebro que no sean tacaños con el anisito, así, muy bien amigos, mucha cháchara y se preguntarán cómo fue que se escapó el Pelao. Unos ccoros de aquellos que solo sirven para hacer daño, estaban subidos en el cerro, al lado del corral grande, bien atrincherados en un árbol de sauco, y le tiraban piedras al mounstruoso animal ese. Para la malaya suerte de todos, el animal había aprendido como sacar una tranca sin amarrar, así que en una de esas se fue contra la puerta del corral y de un solo astazo levantó la tranca y se mandó contra el árbol.

Los mocotecctes esos ni atinaron a nada, solo a gritar. Así se apareció el Junior en caballo y, gritando como loco, atrajo al animalote contra él.

A puro grito les dijo a los mocosos que avisaran en el pueblo que el Pelao se había escapado. Como alma que lleva el diablo los chiquillos corrieron hacia el pueblo gritando el peligro. Todos se escondieron en sus casas y los más bravos agarraron sogas y estacas para ir a capturar a la bestia. Estaban animados. Lo malo es que el animalote había dejado de perseguir al Junior y se adentró al pueblo por el lado de la Iglesia. En plena plaza casi no había nadie, pero sí el Peregrino y la nana de la niñita.

Al ver al toro la pobre chiquilla se desmayó y la niñita empezó a correr hacia la casa grande. El toro la divisó y arremetió contra ella. Todos gritaban pero eran más mujeres y bueno, yo que andaba en la tienda de la Paspina. No llegaba a salvar a nadie como estaba.

Ahí pasó.

El Peregrino lleva siempre un bastón que nunca suelta, no sé como apareció justo a un costado del animalote y le dio un empujón cuando las cuatro patas estaban en el aire. La bestia cambió de rumbo y se desparramó por el piso de piedras, mientras el viejo ese tomaba a la pequeña y la lazaba a los brazos del Carlos Tineo que se apareció justo por allí.

Pero la bestia no estaba derrotada. Se paró bufando a los mil demonios y arremetió contra el vejete. Allí sucedió algo que no entendemos. Yo vi todo, pero aún no se me cuaja la idea.

El Peregrino esperó con el pie derecho adelantado al animalote y cuando llegó donde él, con el pie izquierdo dio un salto para atrás mientras con el bastón como que hizo una cruceta en los cachos, con el brazo derecho debajo del cacho izquierdo y el brazo izquierdo bajo el cacho derecho agarrando el bastón y, cuando cae al piso después del salto tira para abajo pero para el lado derecho de él, haciendo que la cabeza de la bestia inmensa se vaya para abajo y el cuerpo se le tuerza de manera incomprensible y cayera.

El bastón salió disparado para el cielo y lo agarra en el aire el tipo ese que bien plantado, como si no hubiera pasado nada, estaba allí, mirando al toro. Pero no acabó la cosa, el bruto animal quería aún luchar, pero se le acercó el viejo ese y ya no vi que hizo, pero lo dejó dormidito al toro, luego le pidió a Carlos ayuda y este como hipnotizado fue y juntos le ataron las patas.

Don Grimaneso no creyó nada y quería que arresten al viejo y que le pague por lo mal que quedó su toro, pero los Madariaga se impusieron, le dieron la mitad del valor real y lo mandaron a que se tranquilice, después arreglarían le aseguraron. Ellos no pasarían la vergüenza de permitir que el salvador de su niñita sea arrestado frente a ellos, pero igual no estaban contentos, ya los conocen, son orgullosos, despidieron al Carlos por no haber sido él que la salvara y fríamente le alcanzaron al Peregrino unos buenos reales. Todos sabían que ese dinero se iba para las obras del comedor de los huérfanos. Porque sabrán que ese tal Peregrino es de los más tontos que existe en ese pueblo, porque con esos trucos que sabe, yo ya me hubiera hecho de dinero. Bueno, bueno, ya les conté la historia y mi copita está vacía, a ver quién me la llena y les cuento lo que le hizo el Peregrino al hijo de Don Eusebio Díaz del Puente, apuren, apuren que se me olvida la historia.

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