El poder de las palabras

con los abuelos 024

Ya hace algún tiempo puedo decir claramente la palabra “Mamá”. No es que sea algo dificultoso, pero, aún debo ejercitar mi voz para que salgan las palabras que quiero, mientras tanto intento decir “abrazo” y me sale “uftadazo” o quiero decir “leche” y digo “ummmf”.

Creo que decirle “Mamá” a mi Mamí es fácil, porque la quiero mucho. Las palabras deberían ser siempre así, dichas con amor.

Ahora, no es que no quiera a mi Papá, pero la palabra se me dificulta un poco. Es así como sacar el airecito de adentro para que haga PA, pero mis dientecitos chiquitos no me permiten hacerlo todavía.

Mientras lo intento, escucho a veces atentamente lo que dicen los demás… Bueno, por lo menos un ratito hasta que me distrae el zumbido de uno de esos aparatos que los dominan a todos los mayores, sí, esos que pegan a sus oídos y los hacen estar mucho tiempo hablando como locos, también allí trato de escucharlos, para aprender las palabras.

Yo soy creativaso, o como se diga a eso de inventarse cada cosa,  y para simplificar creo nuevas palabras, como “tanfun”, para mi cajón de juguetes o “dada”, para las perritas de mi abuelito Issac.

Hay palabras que reconozco me hacen cosquillitas de felicidad, como cuando mi Papá llega del trabajo y me levanta en brazos y me dice que me extrañó mucho, o cuando mi mamá me dice que me duerma tranquilo que ella estará allí.

Al final sé que en algún momento podré decirle a mi Papá lo mucho que valoro que trate de llegar a casa todos los días temprano y a mi Mami que me gusta mucho verla hacer las cosas en casa.

Ustedes deben ser expertos en decir cosas a los demás ¿No?. Debe ser, y dirán a sus hijos cuanto los quieren y a sus esposas que las aman y a sus esposos que están orgullosas y cosas así. Llamarán por esos aparatos a sus mamás y les preguntarán como están, y a sus papás, primos, tíos, sobrinos, para preguntarles cosas así. Y es que he aprendido que las palabras son mágicas cuando se dicen pensando en los demás.

¡A que no adivinan!: esta tarde, cuando regresó Papá, al verlo entrar al cuarto me alegré tanto que dije clarito: “Papá”, síiiii, fue emocionante porque me abrazo fuerte y nos reímos juntos y repetí una veces más esa palabra tan querida.

Claro, ahora el problema es que no sabemos cómo hacer para que Papi deje de contar y contar a todo el mundo mi hazaña. En fin, las palabras también sirven para decirles a los demás sobre las cosas buenas que nos pasan.

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