Si te caes una vez…

mathi1

No puedo decir que estos días estoy contento, porque pasó algo que me hizo doler muchisisísimo. Me caí. No se rían, claro, para ustedes que son grandotototes pues, caerse no es tanto, pero para mí que soy un bebé, pues fue algo muy, pero muy peligroso.

Ummmmhhh, al menos así lo dice mi abuelita Liliana, que vino desde allá lejos, donde trabaja, sólo para ver que no me hubiera pasado nada. También mi abuelito Issac se vino esa misma noche para acompañarme, y mi tía Susana también llegó y todos se preocuparon por lo que me pasó. Pensándolo bien, se siente rebien que a uno lo quieran tanto.

Pero les voy a contar qué sucedió: pues estaba yo como siempre en la cama de mis papás concentrado en mi juguete favorito que es un peluche de un ratón. Lo estaba apretando como debe ser, para probar su resistencia a mi cariño, cuando me emocioné bastante y empecé a rodarme de un lado para el otro. Es allí que descubrí esa sensación de vértigo que da cuando mueves tu cabeza a la izquierda y a la derecha y lo acompañas con los brazos, las caderas y las piernas. Mi Mami estaba preparando el almuerzo en el otro ambiente, pues nuestro departamento es de dos habitaciones.

Papi siempre dice que en algún momento vamos a tener algo propio, aunque eso de “propio” no lo entiendo, ¿Será que vamos a tener una mascota que le vamos a llamar Propio?, pues que feo nombre, yo lo llamaría Guatamugudada o algo así, en fin ¿En qué estábamos?, ahhhh, en que me caí.

Y pues como les contaba, me movía de un lado para el otro y de pronto ya no sentí más la colchita de la cama y sí algo duro que se pegaba contra mis pompis y luego una cosa media blanda que dio contra mi cabeza y vi que la cama estaba arriba mío, no sabía cómo había pasado todo eso, hasta que me empecé a asustar del cambio tan brusco y empecé a llamar a mi Mami con lloros fuertes para que escuche. Ella vino rápido a mi ladito y me levantaba y tenía sus ojitos llenos de lágrimas y eso hizo que me asustara más y me puse a llorar más fuerte aún.

Poco después llegó Papito y me cargó y me llevó a un lugar con bastantes luces y personas de blanco que iban de un lado a otro. Me hicieron no-se-qué de pruebas, pero “yo aún no voy a la escuela” pensaba, para que al final dijeran que no tenía nada, ¿Cómo que nada?, ¿Y eso levantado en mi cabecita que llaman chichón que es?, ¿Algo que comí?.

Pero al final, luego de todas las caricias y atenciones que recibí, la mejor de todas fue la que mi Papá me dijo al momento de arroparme para dormir. Y es que me compartió algo que el bisabuelito Santiago le dijo alguna vez cuando también era chiquito: “Si te caes una vez, te levantarás dos veces”. Eso hice al otro día, me levanté y seguí adelante, aunque no tanto, sino despacito, propio para mi edad porque sino… ya saben.

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